16 de noviembre de 2010

Elogio al trabajo de mi esposa.



Mi esposa trabaja más que yo. Pitagórica, estudia la conducta de los ríos, los efectos de la nieve, los aludes de barro y piedras.

Predice los suelos que inundará el maremoto. Ocupa funciones, geometría, formidables ecuaciones, complicados algoritmos y lógica difusa.

Construye simulaciones hidrológicas, mide dimensiones fractales, domina  y perfora
 la estadística, aplica los más abstractos teoremas, la más encomiable fantasía.

De pronto, toma un cuaderno y surgen múltiples gráficos, raíces de números, extraños signos, inveteradas letras griegas.

Doctora en prestigiosas  ciencias, venerable embajadora de las aguas, escribe programas y ensayos, piensa, enseña,  navega en la vanguardia de los tiempos, gobierna y preside los números, comprende la eficacia del hierro, aplica los idiomas de la tierra.

Por las noches, cigarro a cigarro, el humo invade su despacho, mientras los computadores trabajan con un talento de siglos, evacuando proyecciones y gráficos, modelando asombrosas lluvias, el trabajo de los hielos, el soplo del sol sobre la tierra.

Mi esposa es un grito de  luz,  la mano que toma mi mano, el cielo que buscan mis ojos, el aire que cura mi pena.





La imagen proviene de  www.scienceblogs.com

2 comentarios:

Isabel Barceló Chico dijo...

¿Es también sabia en lunas? A mí, por tu amor, me lo parece. Un abrazo, querido amigo.

lichazul dijo...

excelente homenaje
ella ha de estar muy feliz y orgullosa de su fiel caballero:)

felicitaciones y la mejor de las energías para ustedes

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