13 de octubre de 2011

Finitud



Llego la muerte a llamarme hombre,
pequeña lámpara, fuego dormido.
Yo soy la aurora, repliqué,
y tu extenso silencio
es sólo el plazo entre mis sueños.

Embriagado de orgullo,
tomé su manto y la vi desnuda.
Era un océano de vapor oscuro,
memoria de una estrella
insondable ausencia
abismo mudo y  sin brío.

Entonces regresé a la mínima voz de mi brasa
los pequeños poemas de mi sombra
la brevísima chispa de mi alma.


Este texto conversa con el vate luso  Fernando Pessoa en "Abdicación"

Abdicación




Tómame, oh noche eterna, en tus

brazos y llámame hijo.



Yo soy un rey que

voluntariamente abandoné mi

trono de ensueños y cansancios.



Mi espada, pesada en brazos

flojos, a manos viriles

y calmas entregué;

y mi cetro y corona yo los dejé

en la antecámara, hechos pedazos.



Mi cota de malla, tan inútil,

mis espuelas, de un tintineo tan fútil,

las dejé por la fría escalinata.



Desvestí la realeza, cuerpo y alma,

y regresé a la noche antigua y serena

como el paisaje al morir el día.



Versión de F. Gutiérrez





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