Hogar 2

Serpientes y Magos


La cesta de mimbre


estaba llena de serpientes


algunas llevaban números en su piel


otras vestían un overol de billetes


y elevaban sus cascabeles


con amenazante


elegancia y destreza




Las había enormes


con textos escritos en la piel


caligrafía hermosa


en idiomas


que parecían griego


mandarín


o sánscrito



En total eran siete


sus nombres eran


Espinosa Rubí


Jacob Tseng Pu


Raquel Tupac


y Abraham



Sorpresivamente


me invitaron a tomar desayuno


Abraham preparó


huevos de campo


con hongos y tabasco


luego hablamos de la verdad


y su búsqueda


citamos a Popper y Prometeo


empleamos los sueños de Miranda


y los antiguos libros de Próspero



Luego del banquete matutino


una comisión de doce magos llegó a buscarme


me hablaron con números y símbolos


les respondí con mis naipes del tarot


nos abrazamos


con las palabras mágicas


bebimos las copas amargas


y dulces


del mediodía


Empédocles


Tras los besos matutinos de Isidora,

abrí la caja de mi alma y

sin permiso de nadie,

apareció Empédocles,

hombre de las sandalias de bronce,

filósofo de cuatro raíces,

aire, agua, fuego y tierra.


Me miró a los ojos y dijo:

"Yo camino entre vosotros como un dios inmortal

y voy honrado por todos como merezco".

Como respuesta,

le entregué

una rama de acacia

y él comprendió.


Ensayamos los signos, los toques

y las palabras que nadie debe repetir.

El siciliano estuvo feliz

de saber que sus ritos

sobrevivan entre

televisores y aeroplanos,

incluso aquí

en el fin austral del mundo.


Me preguntó por la democracia y

sus evoluciones.

Me puse a hablarle con calma

y algunas lágrimas salieron de mis ojos

mientras preparaba el desayuno

y encendía el fuego de la sabiduría.


Le pregunté por su muerte.

¿Acaso quisiste ser un Cristo?

anticipar el engaño

subir a los altares

y quedarte en los temores de los niños

y en la pena de los hombres

que han perdido a sus hijos.


Me miró con tristeza

y dijo que aquello era un embuste,

que sólo quiso subir al Etna

para morir con decencia,

sin hundirse en el dolor,

sin revolcarse en su mierda.


Le pregunté por el Bautista y los suyos.

¿Habrán ellos logrado la ardid?

Todo, para extender sus lámparas

entre el aire y el silencio.


Isidora plantó lentejas

Hoy hablé con mi hija,

me miró con sus ojos gigantes,

me habló de su yogurt,

las bocinas de los barcos,

los pequeños brotes

de lentejas,

el cariño de su abuelo,

las nuevas flores del durazno.


De pronto,

quebró un frasco

y la busqué con ojos severos,

ella miró el suelo

estrellado de cristales

y corrió

a los brazos de su madre.


Un minuto más tarde,

nos encontramos,

leímos septiembre

en nuestros rostros,

nos llenamos de rocío,

comenzamos

un festival de abrazos.



Congrio de invierno



Hoy voy a preparar congrio

no la receta de Pablo

sino que un experimento

mezcla de ttoro y arriero


Partiré al mercado y pediré

dos anguilas luminosas

cebollas

que purifiquen los ojos

pimentones rojos y amarillos

ajíes secos

aceite de oliva

papas sagradas

de Chiloé


Las cabezas y los pellejos

irán a una olla de vino blanco

y se ubicarán en un frente

de reserva

conformando un poderoso caldo

reducido sabroso galopante



Sobre mi paila gigante

mientras gorgotea el aceite

caerán las láminas de cebolla

el fulgurante ajo

los alargados cortes de pimentón

y las papas

que aprovecharán ese infierno

hasta que llegue la serpiente

besada por la mantequilla

ligeramente cubierta de harina


Para cerrar la batalla

vendrán buenas cantidades de tomate

los ajíes secos

y el maravilloso caldo

que suspende el invierno



Chow Mein


Abrazos Rotos

una película de Almodóvar

despertó en nosotros

el deseo por la comida china



Chow Mein dijo ella

y yo anoté ese nombre

en mi mente

y en este cristal

que es espejo del mundo



En pocos minutos

sumé los tallarines

zuchini brócoli

tres pequeñas cebollas

y tres porciones de jengibre

que una maga

japonesa

puso en frascos

al otro lado de mi calle


Pronto

todos esos rostros

estaban girando

danzando junto al vino blanco

salsa de soya

y unas gotas de tabasco

engalanados

por un kilo

de grandes camarones

ecuatorianos

rosados

refulgentes

primordiales


La pasta había bebido

de ese caldo

y era un cometa

trayendo aromas de otros aires

reinando en nuestro paladar

con los poderosos sabores

de muchas patrias


Los tres comensales

en pijamas

llenaron una y otra vez sus platos

desbordados por los sabores

apasionados

agradecidos de Almodóvar

brindando con copas verdes


Mujer con sombrero rojo

Amada, dame el árbol y el martillo,
el agua pétrea de tus fuentes,
el limpio palpitar de mis sentidos,
la música feroz de tu sombrero rojo.

Sube del fuego hasta mi alma,
honra el tronar de los ríos,
gira con el furor de una novia,
danza en mis selvas y mis playas,
alza las armas del estío,
dame tu Luna y tu pan.


Reina en tu constante victoria,
domina con tu sola mirada,
hazte lenta como el infierno,
grave y plácida en la tierra,
límite azul del domingo,
nombre primero del sur.

Crece como lluvia en la noche,
canta para mí en los jardines,
funda en tu risa las mañanas,
nace conmigo en el mar.



Desnuda en la cocina

Desnuda,

siempre vas desnuda en la cocina,

persuadiéndome del orégano y el tomate,

hablándome de la mantequilla,

las habas de Pitágoras,

el lúdico sentido de los puerros,

mi olor cuando nace el curanto

y tu cuelas el caldo.


Desnuda,

siempre muerdes los tomates

para provocarme,

me obligas a cubrirte de oliva,

buscar naranjas en tus labios,

beber vino desde tu boca.


Desnuda,

mientras pienso el café de los sufis,

lleno tu cuerpo de albahaca,

planto fresas en tu ombligo,

saco miel de tus pechos,

busco granadas y moras

encuentro uvas y rojo maqui.



Nuestras copas


La copa está mostrando sus colores,
desplegando el olor de las moras,
la presencia del  chocolate,
los límites serenos de la madera.

Están también tus manos sagradas,
la primera luz en tus brazos,
tu alma descifrando un cigarro,
un poema cayendo en tus labios.

La copa está quebrada y sin vida,
vacía de todo recuerdo,
astillada  en momentos de ternura,
castrada como aquella memoria.

Deseo

Pido toda la extensión de tus formas,
tu espléndida y rabiosa desnudez,
el avatar hiriente de tus labios,
las paredes urgentes de tu sexo.

Quiero tu insistente cadencia,
la robusta lentitud de tu lengua
tus manos perdidas en mi tierra,
edad en que miente tu experiencia.

Propongo respirar en tu pelo,
rezar la insolencia de tus senos,
vencer tu incesante resistencia,
sembrar mi secreto en tu pureza.

Quiero tus ojos cerrados,
tu copa volcada en mi vientre,
los límites roídos y exhaustos,
tu  fuego llamado  elocuencia.

Exijo sentirte inspirada,
triunfante, erizada,
ferozmente líquida,
nerviosa ante el grito de mi cuerpo.

Gracias

Dije gracias por venir,
gracias por dejar tus ojos,
sostener mi cielo,
perdonar mi azul.

Gracias por escuchar,
por ceder tu cuerpo,
llevar las copas,
conocer la luz.

Dije gracias por mirarme,
por buscar mi bosque,
respetar mis ritos,
extinguir mi cruz.












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