6 de septiembre de 2026

Consomé Punk, de Claudia Fadda Molina

 


Consomé Punk, de Claudia Fadda Molina

Ediciones Mujeres de Letras, 2026

¿Desde dónde hablas Gonzalo?

No soy mujer, pero nací desde el centro de una de ellas, me alimenté de su cuerpo y bebí de su conciencia el lenguaje, el si y no de las reglas, las primeras chispas del arte. De ella recibí en primer término, el oleaje tibio del amor, los trabajos de la caricia, la forma de abrochar mis zapatos.

Ahora soy padre de una mujer y compañero de ruta de una sabia artista plural y maestra de rutas espirituales. Fui criado en la profunda convicción de la igualdad entre todos los seres humanos.

Ejerciendo el arte de besar, conversar y construir hogar, conozco la realidad de la mujer  de nuestra tierra, tantas veces abusada, fundamentalmente por familiares, amigos de sus mayores y muchas veces por  el padrastro, abuelos, educadores, ministros religiosos o el propio padre.

Colaborando con el arte de sanar, he observado a muchas personas, jóvenes y mayores, vivir con cáncer, sujetarse a la ordalía de la quimioterapia y resistir varias veces el continuo despertar de ese mal.

El arte

Hace algunos años leí los primeros trabajos de Claudia y no provocaron mi atención, pues la poesía exige mucho carácter, fuerza y originalidad para adquirir el tono de las sirenas y encantar al lector.

El despertar del arte en Claudia  recorrió rápidamente ese camino y ha logrado seducirme y despertar mis emociones.

Lo consigue gracias a la autenticidad de su relato, el  valor que despliega al develar su niñez abusada, su justa rebeldía contra el orden patriarcal, su sincera militancia contra el poder opresor.

El Consomé

En mi comprensión, el  texto de Claudia presenta varios puntos centrales:

La maravillosa mirada de la infancia, confiada, ingenua, abierta a los colores y música del mundo, sensible al sabor del “pan tostado”[1]. Claudia reconoce en su alma la presencia permanente de la infancia, una incansable inocencia  y su apego profundo a la música y la luz del mundo.

La presencia de la oscuridad, el miedo al padre, la violencia de sus cachetadas, el desprecio que viaja en el lenguaje, la imposición del silencio y el abuso  que la inundó de asco, culpa y terror “una oscura noche de terremoto”.

La resiliencia, evocada magistralmente en el poema “consomé de pollo”[2],  que integra la música punk que la ayudó a introducirse  al silencio de la anestesia y la primera comida que saboreó muchos días después.

La presencia del Gran Amor, que le habla a través de un colibrí[3], que la recibe de regreso a la vida, que fluye a través de su arte.

Mamá de manual

Me remece y despierta múltiples interrogantes el poema “Mamá de manual” que protesta contra la infinidad de roles que las costumbres exigen de las madres y abuelas

“Las mamás no tiran”, decía una lúcida observadora del mundo, evocando la mirada egótica de los hijos, para quienes las madres existen solamente para su particular  abrazo, culto y  alegría.

Conmueven a su vez, los palcos para viudas en el Colón de Buenos Aires y el ejemplo de tanta mujer separada que nunca más volvió a ser besada y enfocó la luz de su amor en sus hijos, sobrinos y nietos.

En la sombra de aquel texto, y perdonen el comentario adanesco, crece la inquietud por el “no mujer actual”, porque la creciente igualdad de roles, apenas  nos reserva la pelota, el asado, la física violencia  y la barba, como signos distintivos de masculinidad.

Consomé Punk, hay que leerlo.

 

 

 

 



[1] “no teníamos para comida/solo para este manjar de los dioses/marraqueta tostada una y otra vez”, fragmento del poema “pan tostado”

[2] Este poema sintetizado, da nombre al libro.

[3] Hay que plantar arbustos de jazmines para atraer a los colibrís.


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