Ronda de Niños

Mensaje para Isidora.

Esta tarde compraré hilo del cero y varios volantines portadores de nuestra estrella.

En aquel papel de aire, escribiré mensajes a mi hija, antes de recostar mi cabeza sobre la primavera.
Le hablaré de nuestra ciudad que encumbra y estalla para hacerse infinita, accesible sólo a los corazones y a los rayos nuevos del amanecer.

Le contaré de los veleros que viajan hasta nuestros sueños, de su tatarabuelo que llegaba nadando a la ciudad para eludir a la policía y de los dedales de oro que cubren con su magia este mes de septiembre.



En estos días de fiesta, voy a robarme un poco de cielo, el mismo viento de siempre besará nuestros rostros con su boca transparente y mi hija danzará en su montaña interior como si pudiera ya correr tras su cometa.

Este 18, mi alma tendrá sabor a viento y aunque la noche sea alegre en la fonda de los travestis, pediré perdón a los que sufren por tanta alegría que llevo adentro.







Manuel nació ayer.


No habrá helicópteros sobre sus sueños.



Se vestirá de mago en los estadios.



Su alegría danzará en las escuelas.



Recibirá la música de los bosques.



Hablará de estrellas.



Fecundará la Tierra.




Sus ojos buscarán el amanecer.



Aprenderá de su pueblo.



Conocerá los desiertos.



Llenará su alma de mar.





Tendrá montañas y  libros en su espíritu.



Amará los domingos.



Dará besos tiernos a su abuelos.



Comerá choclos en días de sol.





Manuel será un delfín chiquitito.



Jugará con volantines en primavera.



Anudará sus zapatos antes de ir al Colegio.



Ignorará la muerte.



Olvidará el temor.






Ayer, ocho de enero, nació Manuel, el primer hijo de Valentina y Daniel.



El mismo día, hace 27 años, tres niños de Valparaíso esperábamos el nacimiento de un nuevo hermano. 



Cuando mi padre tocó el timbre de nuestra antigua casa, salimos corriendo a preguntarle cuál era su sexo, cómo sonreía, cómo estaba nuestro cuarto hermano.



El niño había nacido muerto. Nunca tuvo nombre, nunca le miramos a los ojos, nunca nadamos junto a él en verano.



Siempre pienso en en mi madre cuando es un ocho de enero. Siempre le tengo temor a los nacimientos




.

Matilde es la  novia del viento,
líder  de magos y  pumas,
pequeña promesa del mar.

La niña es  raíces y bosques,
agua que fluye  en su alma,
río que cumple su encanto,
fuego que busca el amor.

Matilde está hecha de sueños,
estrella cargada de risa,
caudales de luz interior.








Niña en las altas nubes,

en las olas nuevas del mar,

en la lluvia amable

de septiembre,

los ojos de Gabriela,

la escuela de Zaratustra,

Horacio y Mahavirá.


Niña en los brazos de Buda,

valles de boldos y coipos,

campos de flores naranjas,

hombres en bicicleta y caballos,

agua que sale a cantar.


Niña que corre y manda,

flaquita cubierta de abrazos,

ángel de mechas doradas,

espíritu del viento marino,

memoriosa de otros planos,

alma que sabe bailar.











Ayer nació Sofía.

Se que su sonrisa late en nosotros.

En el nuevo brillo de todas las cosas

que han renunciado a la tristeza

y ahora saltan de alegría,

estremecidas por su fuerza,

por la multitud de temblores

que habitan en su mirada


Ayer nació una niña amada.

La joven estrella del viernes 

la tomó de la mano

y dulcemente la condujo hasta sus padres.

Pronto la lluvia vino a existir en sus ojos

y un torrente de luz llegó

como un aguacero a nuestras almas.


Ya viene su primera mañana.

El sol tomará desayuno junto a su cuna,

mientras espera el milagro de la leche

y se detiene a besar a su padre.

Ambos lucen lágrimas de alegría.

Ambos danzan y danzan.


La madre está despierta

en el medio de esta noche.

Mil almas piensan en ella.

Mil poemas son escritos para ella,

la que regala luz,

la que da abrigo a nuestra esperanza.


Ayer nació Sofía y ya está abrazada a mi alma.








Amanda y Vicente no están solos,
no lloran lejos de la aurora,
no temen los ritos del invierno,
no  buscan la lluvia en su memoria.

Mágicos, receptivos  y azules,
hay   lazos de unión entre sus soles,
cajas  de música los llaman,
Francisca los adora,
Pablo  los  escucha,
Vestal los ampara,
Pía está en el borde de sus sueños.

Hermanos caminando en el bosque,
son niños con cristales en la mente,
almas que brillan en la noche,
seres que abrazan a sus padres,
luces de vida en el desierto.



Sofía ha regresado.

Vuelve para mirar estrellas,

aceptar su luz,

rezar, jugar acertijos, 

comer chocolates y naranjas.



Viene con sus cinco años 

llenos de alegrías,

con sus vestidos blancos, 

sus caminatas sobre el techo,

su vida sin cumpleaños.



Vuelve amiga del sol, 

plena de desiertos, 

armada con la magia de Antofagasta.



Regresa mucho más grande,

más morena, más actriz,

suavemente tierna,

hundida en el alma

de sus padres.







Hermosa: cómo viniste a nacer en mi alma?
Qué océanos te llevan a formar este fuego?
Qué himno te trajo del cielo?
Qué presencias definen tu andar?

Hermosa: cómo se nombra tu pureza?
cómo se pide por tu alegría?
cómo se gestan las palabras
y números que hilvanarán tu canto?

Hermosa: de qué mundo viene tu mirada?
quién te extraña en otro recinto?
quién te pierde?
quién dejó de abrazarte en silencio?

Tus ojos se detienen en mí
y toda la humanidad cabe en este rayo,
hilo de vida, nutriente de estrellas,
latido y presencia del sol.

Para Isidora


Hija, este poema lo comencé a escribir en Buenos Aires y lo terminé en su parte gruesa esta mañana, mientras esperaba alegar una causa de divorcio.







Nicolás enseña y conquista,
luz que abre caminos,
ser instalado en la aurora,
hombre surgido del sol.

Nicolás es rostro de vida,
poema que mira en silencio,
fuerza que entrega alegrías,
niño impregnado de sur.

Nicolás está vestido de rojo,
pequeño campeón del otoño,
duende de ojos brillantes,
ser inventor del azul.

Nicolás es secreto de invierno,
ángel que vence las tumbas,
alma que duerme en la lluvia,
rayo del día anterior.















Bautizo de Vicente


Todo hombre
está llamado a convertirse en príncipe,
derrotándose  a sí mismo, al dolor y al odio.

Deja que la libertad nazca en ti,
a pesar del rito y del dogma
que esta tarde de luto cae sobre ti



Santiago,  once de septiembre de 1997.









Bella voz del agua y las sandías,
hada que cuida la aurora, 
primavera sentada en el huerto, 
rulos como círculos mágicos, 
laberintos en tu cabellera de bosques,
niña árbol, niña risa, niña luna, 
bendita musa de las fuentes 
pura fuerza de volcanes,
ángel que habla al jazmín.


Dulce es tenerte cerca,
admirar los procesos de tu risa,
repetir en ti los avatares de la lluvia,
perseguir las luces de tu nombre, 
corregir tu audacia en las piscinas,
bendecir la cera en tus cuadernos, 
refutar al tiempo en tu alegría.




La fotografía proviene del facebook de mi hermana Daniela, la madre de Victoria.








Gabriel


Gabriel está hecho de energía,

hay mucho sol en sus ojos,

en sus huesos,

en las huellas que deja

sobre la tierra.


Lo habitan las sonrisas,

los volcanes,

el agua,

el rostro de su Victoria.


Ama los gatos,

conoce el secreto de los bosques,

domina el viento,

es gimnástico,

aguerrido,

emotivo como un árbol de lluvia.


Gabriel es ajeno a la pena,

se parece a su hermano,

es lúdico,

cariñoso,

un niño hecho de luz.

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