Tengo hambre de dormir
Lo dicen mis piernas que buscan estirarse
Mis párpados que caen
La tarde tibia que comienza a silbar su ternura
Tengo hambre de dormir
Lo dicen mis piernas que buscan estirarse
Mis párpados que caen
La tarde tibia que comienza a silbar su ternura
“Destino. Última parada” obtiene las cumbres de su encanto en sus relatos de amor unidos por la presencia esencial o marginal de su protagonista “Jaime”, personaje heredero de Sherezade y el Mulá Nasreddin.
Resuena en mi espíritu
la joven retornada del exilio, quien víctima de una enfermedad cardíaca, tras su última noche de romance, se lanzó al vacío envuelta
en nuestra bandera, provocando que su médico-amante escape del mundo para inscribirse
en la inmensa belleza onírica del desierto.
Me encantó la historia
de la muchacha embarazada que encontró en Jaime un amante protector, importando
para él un oasis existencial, que el protagonista no pudo, o no quiso, convertir
en su propio paraíso.
La historia del
reencuentro de Jaime con una compañera del Liceo Comercial marca un contrapunto
entre el erotismo heterosexual y el que une a dos mujeres, quedando este último
como mucho más intenso, más humano, más de corazón a corazón.
Me encantará seguir recibiendo
relatos de Jaime, que puede convertirse en un nuevo James Bond, no desde el
espionaje y la tecnología, sino que desde el sencillo rincón del viaje, la
conversación y el profundo interés por el espíritu femenino.
Destino, de Daniel Ortiz-Alfaro, acaba de
publicarse en Octubre de 2026 y es lectura obligada para este verano de fin de
mundo.
La tentación de San Antonio (detalle), Martin Schongauer. 1475, Alemania.
El libro de la noche está perdido
Se sospecha de Miguel o de otro ángel de luz
Se sospecha del aire que devoró su sal
Se sospecha de un niño que ahora lee sin sombra
Light and Shadow, Kumi Yamashita
Mi sombra habla de luz
Es indicio de este cuerpo
Posee hermandad con la Luna
Insiste en marcar mi presencia
Gonzalo Villar B., "Mi ventana"
Demora aquí
el cielo
nos
acompaña su ausencia
el anhelo
de su estrella
la gracia y
el roce de su brisa
Quién escribe lo que firmas?
Quién borda la bandera que levantas?
Quién pone palabras en tu boca?
Quién eres cuando ellas y ellos faltan?
Piido a esta noche
el calor de mi esposa
sus rayos verdes en mi rostro
un enjambre de estrellas en el cielo
Sobre cada cosa gris, algo celeste
Sobre mis codos, tu nariz perfecta
Sobre el pan, el sagrado óleo
Sobre lo inerte, la vida
Brasil ha resistido
Dijo no al pacto entre militares y súper ricos
No a la vida sin cultura
No al infierno de las armas
No a las trampas del miedo
En el ritmo de las cosas
Silencio
Repique de martillos
Noticias de pájaros
El borde en que llora está alegría
El viento ocurrió en octubre
Lo mismo el agua de Dios
Avalancha
Desborde
Resplandores
Cielo tibio que estremece
Dedicado a Carlos Salazar, que tiene en su alma la llave de Oriente
Tengo la llave del sur
Esa que cierra todos los silencios
La que guardo en mi nombre
Aquella con metal de primavera
Añadí fuego y truenos a mi alma
Nuestras gotas que forman la lluvia
Constante rugido del viento
El mar erizado y presente
La noche que aún teje mis sueños
Mi esposa duerme junto al mar
Así que escribo sobre sus hombros
En su frente
En sus hermosas piernas de bailarina
Lo hago con cuidado para que no despierte
No borre mi poema en la ducha
No vuelva a escribir la Biblia
sobre mi .......
Construimos
Silencio, retazos de una ruina ancestral
Poemario
de Elías Irazoqui Becerra
Editorial
Lloika, Chillán, 2024
Volcar el
espíritu en el papel. Hablar de la ausencia. Extrañar la mitad del alma. Nombrar
a los nietos. Tomar partido por la belleza, una especialmente prístina, ajena a
nuestro siglo.
Una belleza
de la que discrepamos, pero que
aplaudimos desde la diferencia.
Irónicamente,
contradecirse después, saludable ejercicio de libertad, con un aviso deslumbrante
que busca políticos silenciosos, corruptos que en el fondo son honestos y gente que no
piense, ni coma, ni respire.
Preguntarse
por Dios y elevar palabras para que se disuelvan en la luz del sol o , mediante
la lectura, impregnen las conciencias del Gran Arquitecto, aquellos espíritus
que participan de Él y en que palpita la eternidad del Amor.
Seguir un
hilo de WhatsApp, invirtiendo toda la fuerza de tu ser, mientras al otro lado
de la pantalla hay solamente una mirada fugaz, la casa llena de enfermos, una
vida que apenas nos roza.
Y a pesar
de todo, seguir cantando, pues mientras haya música tendremos vida.
Construimos
Silencio, retazos de una ruina ancestral, parece ser el adelanto de una obra mayor, como
la primera edición de Hojas de hierba, que augura en sus flores un árbol repleto
de granadas que nos alimentarán en las tardes de lluvia o en nuestras visitas
al infierno.
Eías
Irazoqui Becerra, doctor en didáctica, criado en los faldeos del Llaima, en su
tercer libro de poesía ha persistido en desbastar el silencio, instalando su
voz en un rincón del infinito.
He comenzado a llamarme rito
Lluvia de otubre
Fiesta de luz
Nuestra hora fuera del tiempo