Mi nombre es vaguada
Soy una hermana del sol
Nube que borra lo yermo
Trémulo viaje del agua
Lenta sonrisa del mar
Mi nombre es vaguada
Soy una hermana del sol
Nube que borra lo yermo
Trémulo viaje del agua
Lenta sonrisa del mar
Devoro almas
Las mastico
En fragmentos las disperso en el Jardín
Rezo por el milagro de la tierra
He sido un día transparente
cruzo el cristal del silencio
el temor de un espejo
el eterno resplandor de la noche
Nuestro hermano Kurt
es amigo del viento
conoce la sangre del sol
y aquellos rizos azules del mar
En su poema, pedalea bajo la lluvia
Conserva su viejo reloj
Enseña sus colleras al tiempo
Respira las miradas de su esposa
En su poema crecen alegrias
Hay rondas de nietos en su alma
Aves en su bóveda celeste
Rito de morir y renacer
Kurt eligió ser un hombre
Gobernó el azul de las tormentas
Fue sereno en el infierno
Capitán en nao de hermanos
En su poema madura el silencio
Canta el temblor de la rosa
Tarda el corazón en dormirse
Crece una pradera de acacias
Me desnudo
Camino así por calle Habana
Por el borde albo de las olas
Por el nombre azul de tu mirada
En mi cenáculo nunca es martes
Hay una estrella que cuida al otoño
Un cedro que llora
La orilla invisible del silencio
Mirad nuestra bandera
En su estrella
resplandece el poder de Leftaro
La Esmeralda hundida
bajo su manto
Los nombres de la
Patria desparecida
Santa María de
Iquique
Concón y Placilla
Lo Cañas y Paine
Mirad nuestra
bandera
En sus líneas,
ideas de 0´Higgins
Nuestra escuela
laica
Nuestros vasos de
leche
Rechazo al tirano
Geometría Sagrada
Campo de la
libertad civil
Mirad nuestra
bandera
Escuchadla
bendecir lo nuestro
Enseñar respeto
Inviolable derecho
de conciencia
Plena igualdad de
sexos
Abrazo al refugiado
Democracia
Mar y bosques
como tesoros del pueblo
La luna en el alma del desierto
Mar y bosques
como seres de este sueño
Isidora, Isidora, Isidora
Me gusta pronunciar tu nombre
Disfrutar el perfume de esas letras
Llevarlo a recorrer las estrellas
Inscribirlo en el alma del viento
Corto con mi alma el aire de la mañana
Acepto los rayos de la aurora
Soy el vapor de mi boca
Hablar radiante del sol
Secreto que guarda la Luna
Hoy el día borra mi nombre
Toma la ropa desde mi cuerpo
Instala monedas de plata sobre mis ojos
Me convida un café con gotas de leche
La guerra respira
Persiste en su comercio de sangre
Aplica dentadura de fuego
Caga propaganda
Rompe la noche y el siglo
Ciega el abrazo de las madres
Consomé Punk, de Claudia Fadda Molina
Ediciones Mujeres de Letras, 2026
¿Desde dónde hablas Gonzalo?
No soy mujer, pero nací desde el centro de una
de ellas, me alimenté de su cuerpo y bebí de su conciencia el lenguaje, el si y
no de las reglas, las primeras chispas del arte. De ella recibí en primer término,
el oleaje tibio del amor, los trabajos de la caricia, la forma de abrochar mis
zapatos.
Ahora soy padre de una mujer y compañero de
ruta de una sabia artista plural y maestra de rutas espirituales. Fui criado en
la profunda convicción de la igualdad entre todos los seres humanos.
Ejerciendo el arte de besar, conversar y
construir hogar, conozco la realidad de la mujer de nuestra tierra, tantas veces abusada, fundamentalmente
por familiares, amigos de sus mayores y muchas veces por el padrastro, abuelos, educadores, ministros
religiosos o el propio padre.
Colaborando con el arte de sanar, he observado a
muchas personas, jóvenes y mayores, vivir con cáncer, sujetarse a la ordalía de
la quimioterapia y resistir varias veces el continuo despertar de ese mal.
El arte
Hace algunos años leí los primeros trabajos de
Claudia y no provocaron mi atención, pues la poesía exige mucho carácter,
fuerza y originalidad para adquirir el tono de las sirenas y encantar al
lector.
El despertar del arte en Claudia recorrió rápidamente ese camino y ha logrado
seducirme y despertar mis emociones.
Lo consigue gracias a la autenticidad de su
relato, el valor que despliega al develar
su niñez abusada, su justa rebeldía contra el orden patriarcal, su sincera
militancia contra el poder opresor.
El Consomé
En mi comprensión, el texto de Claudia presenta varios puntos centrales:
La maravillosa mirada de la infancia, confiada,
ingenua, abierta a los colores y música del mundo, sensible al sabor del “pan
tostado”[1]. Claudia reconoce en su
alma la presencia permanente de la infancia, una incansable inocencia y su apego profundo a la música y la luz del
mundo.
La presencia de la oscuridad, el miedo al
padre, la violencia de sus cachetadas, el desprecio que viaja en el lenguaje, la
imposición del silencio y el abuso que
la inundó de asco, culpa y terror “una oscura noche de terremoto”.
La resiliencia, evocada magistralmente en el poema
“consomé de pollo”[2], que integra la música punk que la ayudó a
introducirse al silencio de la anestesia
y la primera comida que saboreó muchos días después.
La presencia del Gran Amor, que le habla a
través de un colibrí[3], que la recibe de regreso
a la vida, que fluye a través de su arte.
Mamá de manual
Me remece y despierta múltiples interrogantes
el poema “Mamá de manual” que protesta contra la infinidad de roles que
las costumbres exigen de las madres y abuelas
“Las mamás no tiran”, decía una lúcida observadora del
mundo, evocando la mirada egótica de los hijos, para quienes las madres existen
solamente para su particular abrazo, culto
y alegría.
Conmueven a su vez, los palcos para viudas en
el Colón de Buenos Aires y el ejemplo de tanta mujer separada que nunca más
volvió a ser besada y enfocó la luz de su amor en sus hijos, sobrinos y nietos.
En la sombra de aquel texto, y perdonen el comentario
adanesco, crece la inquietud por el “no mujer actual”, porque la
creciente igualdad de roles, apenas nos reserva
la pelota, el asado, la física violencia y la barba, como signos distintivos de
masculinidad.
Consomé Punk, hay que leerlo.
[1] “no
teníamos para comida/solo para este manjar de los dioses/marraqueta tostada una
y otra vez”, fragmento del poema “pan tostado”
[2]
Este poema sintetizado, da nombre al libro.
[3] Hay que plantar arbustos de jazmines
para atraer a los colibrís.
Hay primaveras que no aman Valparaíso
Pasan de largo
O sólo entran para hacer pipí y tomar un vaso de agua
Yo las saludo como si nada
y me disuelvo en el agua
bajo una luna sin alma
Vuelve el cuatro de septiembre
Se llama Salvador Allende y Camilo Escalona
Lo llamo preludio de primavera
Estación del rocío
Nueva hazaña del sol
La muerte, cruzada de piernas
se sentó en nuestro templo
sonriendo escuchó decir que ella no existe
que apenas es un hito
un portal en el andar de la conciencia
La muerte, alzándose con ímpetu
sopló para derribar nuestros muros
la bandera y su estrella
las columnas que levantan el cielo
Sopló y sopló
hasta partir en tres y cinco nuestros cuerpos
hasta extraer las aguas
hasta extinguir el fuego
y derrumbar los días del calendario
Terminados sus trabajos
elevó su mirada y vio las estrellas
una lluvia de música cruzó su sombra
y escuchó el eterno latido de lo nuestro
Digo lo nuestro, cuando digo "El Amor"
En el link , mi libro "Recuerdo, nuestra luz herida".
En este link, la maravillosa enciclopedia de la música "La música que despierta nuestra luz"
Jorge
fue nombrado por la muerte
y
aquel gran silencio lo arrancó de nuestra paz
horadó
los velos del templo
trizó
el espejo de mis sueños
tornó
pálido el Jardín
Se
diluye su sonrisa
El
poder de su mirada
Los
trabajos de su arte
Su
paso gentil por la ciudad
Se
encuentra ahora en extraño equinoccio
mas
reconoce la cámara en que se encuentra
pasos
firmes de Ariel
lejana
presencia de la lluvia
llamados
que llegan desde Oriente
Recuerda
su vida junto al mar
abraza
su hogar
retorna
a su madre
recibe
viento, fuego y rocío
perdona,
agradece, bendice
existe
en el amor de las estrellas
contempla a Cristina
reside
en nuestro lazo de unión
La violencia se disuelve en el amor
La armonía es presencia del amor
El respeto crece en nuestra unión
A tu amigo, corre y dale la mano
Al que te es indiferente, ve y regálale una sonrisa
A tu adversario de tanto tiempo
acércate y abrázalo en paz
Ven ser de luz y haz ronda con nosotros
Ven ser de luz y vibra con nosotros
Ven y canta con fuerza
porque bajo la luz del firmamento
todos somos hermanos
| Maestranza Barón |
Recuerdo el tren de mi abuelo Bladimiro
La locomotora, su celeste interior
Aquella llegada al mar y Valparaíso
Poco antes
Estoy junto a la piel de mi madre
Sus manos que me conducen al aire
Sus manos que me entregan
a poderosos brazos de mi abuelo
Recuerdo el tren de mi abuelo Bladimiro
Su acero en el vientre de mis sueños
Maestranza - Casa de Máquinas
Palacio de cemento en el viento
(Carlos Pezoa Véliz)
Un tren distante pita.
Llega el convoy. Sonidos de campana,
ruido de ruedas, vaporoso estruendo;
alboroto en la nave de la estación;
la muchedumbre humana
que entra y que sale y que se va perdiendo.
Luego un silencio grave;
un breve espacio de quietud y calma;
después el triste son de un organillo,
un viejo organillo que en la noche suave
trae una tibia nostalgia para el alma...
Música de otros días,
ecos de amadas voces que murieron,
frescas risas de viejos camaradas,
alegrías pasadas,
pobres ilusiones que se fueron.
Cantares de la infancia,
viejas estrofas que la mente evoca;
el canto popular de la doncella
que al hilar en la quieta noche astral,
suspira por el novio que no llega
o sueña en un cariño ideal.
Ira del dolor, resignación,
vago querer, secreta pesadumbre;
el triste organillo que en la sombra suena
es un consuelo para tanta pena,
un bálsamo de luz para la cumbre
de tanta desolación.
Y allá va el organillo,
sonando en el espacio...
Un viejo encorvado que lo arrastra
se va perdiendo en el espacio,
como una sombra triste que se aleja
bajo la noche azul...
| Maestranza Barón |