Sobre la tierra escribir la luz.
Mirar estrellas desde otras aguas.
Ser instrumento de la música.
Unir derecho y pueblo.
Crecer como padre
Abrazar Valparaíso.
Caminar La Campana con Isidora.
Ser voz de la primavera.
Nadie nos enseña a llorar.
No existe un alfabeto del reír.
Entonces, nacemos hablando.
Mojando mejillas con poemas de hambre.
Agradeciendo afectos con risas.
Hablando desde el fondo del alma.
Myriam está de cumpleaños,
Su página es larga en el libro de la vida.
Hace mucho, volcó su temor en la aurora.
Parió buenos hijos.
Abrió su luz a la ternura.
Eligió ser libre.
Se hizo franca hasta los huesos.
Maga verde sobre oleajes de Recreo.
Hoy borré de la tierra la tristeza.
Con mis manos llevé autos y
buses hacia las nubes.
Torné jóvenes a las ancianas.
Sané a los enfermos.
Cerré Isapres y AFP
Hice sabios a los niños
Limpié la tierra y los océanos.
Hice justo al asesino.
Mudé en parques tantas cárceles.
Me cuesta cerrar el ojo izquierdo.
Llora solo ese muchacho.
Duele la cabeza en ese lado.
Comer y beber se dificulta.
Labio superior hinchado.
La mandíbula se siente tirante.
Me encanta girar en torno al sol.
Observar crecer a mi estrella.
Aunque nunca he sido líder del viaje.
Sólo un polizón ojiazul
a punto de esfumarse en el aire.
Nueve poemas de lluvia están sobre la ciudad.
También la nave que ahoga a los cuerdos.
Preguntas del invierno.
Sombras, banderas, señales que cruzan los cuerpos.
El año con sus Lunas.
Naves cargadas de turistas.
Mirada de estrellas.
Cohetes, obuses, reglas.
El mar levantado sobre la tierra.
Mi padre/ 71 años
Hombre de Ciencia.
Cocinero/ Justo/ Constructor.
Espíritu en brazos de su madre.
Señor enamorado.
Abuelo honesto.
Primer guardián de la aurora.
Pequeñita:
Estás en medio del océano
y vas conmigo en el tren
llevo tu arcoiris en mis hombros
bebo tu leche en las mañanas
camino por la playa junto a ti.
Me apoyo en otro silencio.
Agrego raíz a mi aurora.
Soy mi sombra.
Nariz que excede al espejo.
Mi ser eligiendo sus puertas.
Reflejos en el Laberinto.
Yo en otro lugar del camino.
He ido acumulando el invierno en cajas de galletas.
Así he llenado la pieza de invitados.
El clóset de Isidora.
El cuarto azul en que habitan mis fantasmas.
Para la primavera, en cambio,
sólo tengo una copa,
aquella que cruzó tu mirada
esa en que bebo tu luz.
Leed en Alemania lo que cuentan las orillas de Chile.
El alto roncar de estos relojes.
Nuestra tribu de volcanes.
Tabernas de agua bendita.
Yo y mis ojos indígenas.
Cada santo con su vela.
La tierra volcando a la Luna.
Mis manos acarician a Isidora,
regresan su alegría a mi madre
juegan canasta en calle Yungay
envían volantines a su estrella
preparan bolitas de chocolate
razgan vestidos de aurora
marcan su placer en el piano
extrañan otros calores
son mi copa de agua
abren para mí los océanos
conducen luz en los templos.