2 de septiembre de 2010

Tras las paredes


A los doce años de mi vida,
pocos minutos después
de hundirse el dique en la bahía,
sentí un crujir de tablas
y un ruido fuerte en mi closet.

Me acerqué a ese laberinto
y observé un pequeño cuerpo,
un bulto vivo y silencioso,
mirándome desde el miedo,
dotado de pocos,
pero largos cabellos.

Ambos guardamos
un silencio respetuoso,
hasta que él dijo “agua”
y yo le extendí
la botella de Cachantún
que un ángel
puso en mis manos.

“Gracias” dijo
y regresó a su mundo
de adobe y tablas,
cazando pulgas,
ratones y palomas.

Pronto supe
que tras las paredes
había múltiples huéspedes.
Estaban los que huían
del terror de Estado,
los porfiados ermitaños,
los hombres derribados
por la pena.

Había un joven
que bajaba para hablar
de política con mi madre,
un carabinero que se negó a torturar,
un niño rubio
huyendo de sus padres.

Ayer, mientras limpiaba
el último piso de esta casa,
tras un estante lleno de libros,
encontré a Ricardo,
el miso niño rubio,
ahora viviendo en una buhardilla
que llena su pequeño espacio
con siete televisores planos
todos encendidos y en silencio.

Me agradó notar
que era un sitio abierto,
visitado por imágenes del cielo
y la fresca presencia del mar.

Me contó que a veces
sale de su encierro,
que tiene buenos negocios
y bastante ropa.

¿Por qué me sigues?
le pregunté.
El me miró con ojos de hermano
y yo entendí su trabajo.





La imagen, de autor que ignoro, proviene de http://www.tradicioncatolica.com/

1 comentario:

lichazul dijo...

tras las paredes existen universos paralelos al nuestro
que suerte es la de quien sabe compartirlos y comprenderlos

Felicitaciones!!
besitos de luz

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