5 de noviembre de 2010

Cruzando al interior de este cuadro de Circe.



Recién bañada, Circe pintaba sus uñas con las últimas gotas de la  aurora y yo buscaba su sendero de fuego, el tifón  que nace de su  boca interior,  su centro,  el lugar de todos los gozos y todos los nacimientos.

Los ojos de ella se apoderaban de mi foto, buscando  una magia análoga. De pronto se irguió, dejó en el suelo su túnica y  el turbante que cubría su mágica cabellera y caminó lentamente hacia el cristal.

Nuestros ojos quedaron enfrentados,  observamos los detalles de  nuestros portales y  el hilo oscuro que lleva hacia las mentes. 

Luego fue el turno de los labios, fue un beso tan consciente y tan apasionado, que un rayo de hielo cruzó por mi espalda y salimos de aquella frontera, quedando definitivamente en su  sala.

Ahora, soy otro juguete en sus sueños,  otra imagen convertida en realidad, otro día sacado del tiempo, otro trazo de una memoria común, otro espíritu en medio de un cuadro.





La imagen de Claudio Bravo proviene de  este sitio.

2 comentarios:

fgiucich dijo...

El retrato de una pasión. Abrazos.

Isabel Barceló Chico dijo...

Así que quedaste atrapado. Ahora ya eres leyenda.
Un beso enorme, querido amigo.

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