19 de abril de 2008

Los colores de Isidora





Pequeña: de qué color está hecha tu alma?

Están allí los ojos oscuros de tu madre.?

Las manos cariñosas de mis abuelas?.

Los golpes de la lluvia sobre el patio?.


Tal vez se encuentre allí el celeste de nuestros veranos,

los azules y verdes del mar,

las banderas rojas de nuestra gente,

las estrellas que brillan en tantos sueños.


Se que están los colores plomizos de Valparaíso,

las flores naranjas y fucsias de la primavera,

los tonos lilas y violetas que te hacen tan suave,

el rubor del fuego que anima el atardecer.


Se que está la noticia transparente del agua,

la multitud verdosa del bosque,

el café y el ocre de la buena tierra,

la cabellera rubia del dueño del cielo,

la espesa negrura del olvido

el blanco infinito de tu montaña.


Intuyo metal oxidado de los barcos,

los colores vivos de la piel,

el sabor deslumbrante

de la palabra.











La imagen nació de la mirada de Pamela Albarracín.

17 de abril de 2008

Marcela





Hay mañanas en que el sol se quiebra sobre tu alma
y el mediodía renuncia a su casa de luz.

Son las mismas horas en que los tréboles
crecen en tu jardín y los obreros
buscan tu nombre en su faena.

El minuto en que la luz te pide un abrazo
y la primavera siembra su semilla en tu hogar.

Mañana, otro sol buscará tu mirada,
otras manos llevarán tu alegría,
otro poema se inscribirá en tu luz.




Escrito esta mañana de otoño para Marce.



La imagen proviene de este blog.

15 de abril de 2008

Mi alma camina bajo la lluvia




Mi alma camina bajo la lluvia.

Se escucha la voz de un piano.

Mi luz anota la belleza de un árbol,

la cercanía del atardecer,

el rumor inconsolable del mar.


Mi espíritu se detiene en una plaza,

que luego es parque y bosque.

Cruzo hacia los dominios de la noche.

Ya no hay música, sino silencio.



Desde la niebla me atacan manadas de ratones.

Tal como lo vió Natalia.

Tal como lo dibujó en Paris.

En su antiguo libro de sueños.



Las fieras llenas de barro

se enlazan a mi cuello

y giran en torno a mi alma

como caballos de un carrusel.


Pero la luz brilla con más fuerza.

Los animales caen al suelo.

Se deslizan como trompos sobre el hielo

hasta caer del mundo y convertirse en Budas.

hasta caer del mundo y hacerse luz.


Entonces, la Luna me toma en sus brazos.

Ella me canta, me deja escuchar sus secretos,

me confía sus latidos y su crecer,

hasta que el bosque recoge sus maletas

y sin pedir permiso, se marcha,

se incendia,

se vuelve humo.








Escribo desde mis cuarenta años. En medio de un cúmulo de problemas y de una montaña de alegrías.

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años y años de blog!!!!