24 de noviembre de 2012

Homenaje a la Mujer



Reunión Blanca R.:L.: Buenaventura Cádiz Patiño Nro. 188.
Valle de Viña del Mar.
Noviembre 2012.

La Francmasonería no es una institución perfecta, entre otras causas - en lo que concierne a nuestra rama- porque falta en ella el perfume, la mirada y la arraigada sabiduría de la mujer.

Pero esta ausencia se refiere sólo a vuestra exclusión de las tenidas rituales  a raíz de antiguas costumbres de género, tales como salir a cazar, conversar en el bosque o vivir en  comunidad monástica.

En cambio,  en la iniciación sustantiva, en la Francmasonería Espiritual, en la vida misma,  nada es concebible sin vuestra presencia: ni el latido de los corazones, ni el arte, ni el amor, ni siquiera  la existencia.

Es válido entonces lo que afirmó el QH Mark Twain: Donde quiera que Eva estaba, allí era el Edén.

En efecto, la  integración y complicidad de lo femenino y lo viril da forma al universo y, con suerte, nos llena de alegría en las relaciones de pareja. Y esta tarde tenemos matrimonios que han celebrado 30,40 y 50 años de afecto compartido

En el plano simbólico la mayor aproximación a lo femenino es el agua. Lo femenino invoca el océano, la lluvia,  la fecundidad. De allí que mujer y mamá se escriben con M, la letra con forma de oleaje que lleva su corriente desde  las primeras voces hasta nuestro tiempo. Por lo mismo, los santuarios dedicados a las deidades femeninas se encuentran junto a fuentes o ríos. Por lo mismo es que  Venus nació desde la espuma.

Mujer y Agua

Mójate, hazte eterna en la corriente, radiante de
vida, invencible en tu alegría, gozosa del instante,
implacable espíritu del agua.

Disfruta, como si arrancaras espinas de tu alma y
nacieras del cielo en cada gota, en cada grito de
espuma, cada trueno que pasa.

Elévate en ese gozo, para que vibre tu cuerpo entre
los mares y beba el bosque tu energía, tu sed de
siglos, tu invariable amor por el agua.


Por demasiado tiempo hemos sido pasivos ante los hábitos patriarcales de la sociedad en que estamos insertos. Ello nos acostumbró a pensar en la mujer en base a su rol de madre, esposa o hija, como si la mujer fuera un satélite del hombre, un ente que sólo existe en función de él.

Hoy las cosas están cambiando y debemos empujar al año y al mes para que la igualdad de géneros se profundice aún más.

La mujer tiene derecho a gobernar su propia vida, decidir sobre su cuerpo, sus estudios, su trabajo. Tiene derecho a  la igualdad en el trato que brinda el Estado y las Empresas, tiene derecho a buscar la felicidad, sin conformarse con apoyar a sus parejas, sus hijos, su familia. Tiene derecho a  dejar volar su pasión, como Carmen “La Habanera” de Sevillla.

Siguiendo a Anaís Nin, podemos decir que ninguna mujer puede ser obligada a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria o  a establecer relaciones ordinarias. Una mujer tiene derecho al éxtasis, aunque la llamen “neurótica” en el sentido de vivir en “su mundo”, sin adaptarse a la mediocre realidad, sino que adaptándose si misma.

Vivir entonces, sin contraer matrimonio con una casa, sin tornarse esclava de las compras, las tareas infantiles, los extensos horarios de las fábricas. Ser, como dice Anne Sexton, “una mujer de ésas”

De ésas

He salido al mundo, una bruja poseída,
rondando el aire negro, más valiente por ello;
soñando el mal, he sobrevolado
las casas derrumbadas, de luz en luz:
pobre solitaria, con mis doce dedos, enajenada.
Una mujer así no es una mujer, lo sé.
Yo he sido de ésas.

He encontrado las cuevas tibias del bosque,
las he llenado de sartenes, arte, estantes,
armarios, sedas, incontables bienes;
he preparado la cena para los gusanos y los elfos:
llorando, aullando, ordenando lo que estaba mal.
A una mujer así no se la comprende.
Yo he sido de ésas.

He viajado en tu carro, compañero, saludando
con los brazos desnudos a los pueblos que dejábamos atrás,
aprendiéndome las últimas rutas de la claridad, sobreviviente
allí donde tu fuego aún muerde  mis muslos
y crujen mis costillas bajo la presión de tu cuerpo.
Una mujer así no se avergüenza de morir.
Yo he sido de ésas. 

Gonzalo Villar Bordones
Francmasón

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