16 de agosto de 2013

Orlando Peña Carvajal




Observo a Orlando Peña Carvajal  en la mirada de su viuda. En la admiración de sus hijos. En sus libros custodiados con cariño. En su costumbre  conservada hasta ahora: siempre,  el mismo número de Lotería.

La mañana está soleada. Los cinco niños acuden a la cama de sus padres. Entre abrazos y caricias, deciden el fin de semana: recoger moras en Concón, asistir al Estadio o el cine, pasear en la camioneta Ford del año 30, colarse al estreno de Rigoletto, observar las marejadas en Avenida  Perú, asistir al espectáculo del horizonte en el atardecer, visitar a los Fricke, jugar cartas con los Urbina, escuchar cuentos antes de quedarse dormidos.

Orlando y Leda  han fundado y organizado la Escuela Normal de Viña del Mar. Su  hogar está en el mismo recinto,  siempre en contacto con alumnos internos, que se recuperan de gripes y dolencias en la amplia cama matrimonial.

En casa, los mismos principios de la Escuela: igualdad, autonomía  y respeto;  aprender en el hacer; responsabilidad como premisa. Cada hijo tiene un archivo con logros y alegrías, todos se saben queridos, todos tienen un poema.

Como en una novela, la historia posee una primera frase: “Usted me gusta señorita”  deslizada dulcemente en el camino a la escuela. Copiapó 1930. Orlando 17 años. Leda 12.

El cortejo duró  una década de ternura. Nuestro estudiante rebelde escribía desde Santiago  a compañeros  que servían de celestinos. Años después consiguió llevarla al cine, aceptando que la madre de Leda quedara sentada justo al medio de sus deseos. Se casaron en 1941. Se amaron y respetaron siempre. Corrigieron pruebas juntos.  Se quisieron en sus diferencias y en sus armonías.

Por 21 años, Orlando dirigió la  Escuela Normal de Viña del Mar, hasta que su corazón falló en 1971. Su espíritu no quería ver su trabajo denostado. La Normal  clausurada en 1973.




Despedida en 1971

Hoy busco mi sombra.
Hace 21 años quedó  en el umbral  de nuestra Escuela.
No pude cargarla entre tanto trabajo.
Tanto afecto. Tanta alegría.

Esta tarde me cubriré con ella
y buscaré en  su  nostalgia
una retirada silenciosa.





Este pequeño poema está construido  en diálogo con el  discurso de despedida de don Orlando Peña Carvajal,  al jubilarse y dejar la dirección de la Escuela Normal de Viña del Mar. Fragmentos del discurso persisten en la memoria de su hija Ariadna.

Hoy, una Escuela Básica de la ciudad lleva su nombre.

La insignia proviene de www.normalistas.cl




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