13 de noviembre de 2020

Una Cárcel en Israel

 

Recibí documentos importantes relativos a un viejo cliente

Le escribí y resultó que estaba preso en Israel

Viajé de inmediato,  con un solo bolso por equipaje

Llegué a una cuidad calurosa y de gente morena

La cárcel se parecía al hospital de La Ligua

Me dirigí a una gendarme y hablaba castellano con el tono de Chile.

Me permitió entrar a la Cárcel

Pasamos junto a un puesto de comida, en que destacaba una amplia variedad de humitas

Seguimos por  escaleras y  edificaciones hasta llegar a una zona en ruinas.

El  único preso allí era mi cliente, que jugaba ajedrez solitario, peinado a la  gomina, vestido con chaqueta azul y pañuelo al cuello.

En la sala sin techo, los muros  extensamente horadados,  a modo de grandes ventanales, dejaban ver un gran canal que cruzaba una ciudad llena de vida y de edificios más altos que los venecianos,  sofisticados, con la apariencia del 1900.

Por el canal comenzó a acercarse una balsa sobre la que pronto divisé a dos niños rubios que reían en traje de baño, mientras se desplazaban por la rápida corriente.

Yo estaba  absorto y conmovido por el paisaje, tanto, que no sentí el agua que llenó la habitación hasta que mojó mi único traje y mi bolso con los documentos.

 

Mi cliente se alteró por el incidente, yo pensé en comprar nueva ropa y desperté.

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