Iquique fue
nombre y sal de su alma
Cézanne la
trajo a este puerto
Matisse
escribió sus silencios
Aldo
Francia puso luz en su mirada
Aquellos libros azules de Meza Barros
aprendieron
a volar sobre su cabeza
y ella ascendió
escaleras de bien
Se hizo amiga
de las naves
Defendió a
Gonzalo Rojas
Encendió su
alta luz
en el complejo
interior de las familias
Es de madrugada
y comienza su jornada
Estudia, litiga,
juzga, enseña
Cumple,
como si todo fuera sencillo
y el día
sumara cuarenta horas
una charla
en el ascensor
visita al
médico
lecciones que
iniciaron los romanos
Es de noche
y el hombre nuevo sigue engrillado en Pisagua
Hay puerta de escape en el pentagrama
Aquellas
cuarenta horas
Justo,
cuando el poema se torna acción

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