20 de septiembre de 2006

de visita


Me encantan las mujeres, aquellas con la cabeza llena de preguntas, las que abren ojos extensos para marcar su asombro, las que beben champaña y gustan de las caricias bajo la mesa.

Me gusta su aroma, aquel cuerpo suave sobre la cama, la música pernoctando sobre los besos y la alegría perturbadora de su sonrisa al atardecer.

Por ello, cuando dejo que mi mirada marche entre blog y blog, me fijo especialmente en aquellos que denuncian la tibieza inquietante de un alma femenina.

Quiero hablar de ellas, aproximarme a sus espíritus, beber de sus emociones y compartir con ustedes el licor dulce de aquella travesía.

Por antojo, por capricho, por sincronismo de proximidad, porque ellas tienen su alma manchada de tinta y voz, partiré por hablar de las periodistas... aquellas trabajadoras que alimentan nuestros ojos de noticias y seducen nuestro espíritu, orientándolo en medio de la noche y la tormenta.



"Primera Estación: Paloma Baytelman"



Quiero hablar de Paloma, cuyo nombre debería ser la verdadera identidad de la simpatía, la conexión con el rumor de las olas, con la fuerza insuperable de la historia.

Un día de marzo, siendo ella una niña, los helicópteros anunciaron la desgracia. En la puerta de su colegio el padre de otro niño y un apoderado fueron secuestrados y asesinados de una forma vil. En su página, las continuas referencias al Colegio Latinoamericano de Integración nos conducen a esa experiencia de vida, nos hablan del dolor que unió a una escuela, que unió a un pueblo.



Los relatos de Paloma, suelen emprender el rumbo de las artes, asumiéndose a sí misma como reportera del trabajo visual, musical y literario de nuestros creadores. Sin embargo, en otras ocasiones se relaja y nos regala un día en la playa, los piropos de su amigo kioskero, las noticias de un hombre en la Patagonia, los secretos de su abuela, su talento para reclamar injusticias cotidianas, el embrujo de un viaje, la calidez de una mujer porteña, el paisaje intenso de la Villa Grimaldi.



Lo sublime, lo que me hace llorar en el recorrido de sus páginas, es la delicada forma en que nos muestra los rincones de su alma. En efecto, la lluvia de noviembre nos explica su llanto; una noticia de fútbol nos revela que el amor es difícil de apagar; un viaje al mar nos da luces sobre su nuevo romance.



Paloma, como una Maestra de la Cábala, nos regala textos que admiten varias lecturas, sentidos profundos que podemos ir develando en la medida que nos acercamos a su corazón, a su historia.



Mientras tomábamos un café me contó que había estado leyendo algunos de mis poemas y que le gustaba mucho "Mi reina tiene una vagina poderosa". "Aunque no lo creas soy pudorosa en algunos aspectos, así que no te contaré en que me diferencio de tu reina", me dijo sonrojada...



Mi reina tiene una vagina poderosa,
irrefutable, clásica,
no demasiado peluda,
irrepetible, distinguida,
modelo 1949, pica a veces,
huele delicioso y diferente,
sabe a ostras, jarabe dulce y viscoso,
mantequilla de azúcar ácida,
elíxir de almidón.

Mi reina tiene una vagina inteligente, rebelde,
llena de neuronas, solidaria si hay orgasmo,
requirente en su ausencia, apenada en la distancia,
elocuente en sus olores, implacable en su ambición.

Mi reina tiene una vagina girasol,
pluralista, canchera,
triángulo frotoso y lúcido,
labios cómplices y mojados,
venerables gotas rojas en el colchón
cuando es aquel lunes y estoy yo.



El blog de nuestra periodista invitada es http://www.paloma.cl
El poema pertenece a "Prófugos de un aguacero azul", Valparaíso, 2002.
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