25 de febrero de 2007

El Papa ha muerto




El Papa ha muerto, dicen.

Otro crimen de la Iglesia.

Matarse de tanto salir por la ventana

a embarazar el viento

sin pastillas ni condones.


El Papa ha muerto

soldados suizos lo clavaron en la tráquea

le apuntaron con un tanque argentino del 78

para ser enterrado en Polonia

bajo la sombra de Stalin

hablando en árabe y en ruso antiguo.


El Papa ha muerto, lloran

lo ví en el balcón de Pinochet

tomando tecito en La Bandera (1)

mirando el rostro de Cristo en Ñuñoa

60 años después del holocausto

cuando todavía los papas mueren

y toman Pepsi.


Este poema, escrito en el mismo momento del fallecimiento de Karol Wojtiyla, es la expresión de mis sentimientos en ese instante.

Es un punto de inflexión en el recorrido de cotradicción entre la admirable consecuencia de muchos obispos y sacerdotes en la defensa de la dignidad humana y un hecho cierto de fanatismo, antisemitismo, misogenia, homofobia y doble moralidad de muchísimos cristianos.

Entre la Vicaría de la Solidaridad, el divorcio, la pastilla del día después, la pureza y la depravación, la Iglesia de Roma muestra un abanico de actitudes que dan cuenta de las maravillosas posibilidades que presenta el alma humana.

Por un André Jarlán hay un Escribá de Balaguer. Por un José Aldunate hay un Raúl Hasbún.

Digo todo esto desde fuera de la fe. Desde la experiencia de un niño de tres años que arrancó de su pila de bautismo en el momento previo al terremoto de 1971.

Lo digo desde mi agnosticismo, desde mi experiencia de doce años en un colegio católico, desde mi alma ansiosa de luz.

Lo digo desde la tradición de Spinoza, Voltaire y Violeta (Nos se pierdan este video de Santiago Alvarez).

(1) La Bandera es un sector popular de Santiago, escenario de grandes protestas en contra de la Dictadura.

La foto de Juan Pablo II con la paloma, proviene de este sitio.


No olvide de visitar: mujeres periodistas; siete preguntas y Valparaíso.

18 de febrero de 2007

Valparaíso



Si un día miras mi ciudad
y la ves sin azul, sin olas, sin niños,
sin un viento delgado y puro...
sabrás que yo no estoy allí,
ya no pienso en tu rostro,
ya no vivo en tu aroma,
ya no entiendo tu jardín.

Si miras mi ciudad
y los colores te saludan con un beso risueño
y las calles discuten para decirte un piropo
y el mar se viste con su mejor azul,
aquel de antes, cuando viajabas en barco
y tenías padres y música en la sangre y no rabia.

Alma, entonces, ya será demasiado tarde.


Si tuviera la oportunidad de conocer nuestra ciudad de escaleras desde
una perspectiva de ensueño, creo que preferiría llegar a ella en la
forma que nos propone Aldo Francia en "Valparaíso mi amor".

En medio de la noche, correría por un bosque, largamente,
desesperadamente, hasta que la madrugada nos sorprenda frente a un
territorio de belleza: nuestra ciudad vista de lo alto, poblada de viento,
de mar, de casas que desafían a las quebradas, de pobreza.

Luego, tomaría un trole cerca de "La Matriz" y buscaría los
ascensores que marcan el alma de los barrios. En Polanco, al recorrer
el extenso túnel; pensaría en el amor del padre que construyó aquella
torre para su hija.

En el ascensor "Mariposas", que pasa bajo una calle, indagaría en el
misterio que propicia las flores en las quebradas y que nutre de una
belleza salvaje a nuestra descuidada arquitectura.

Cerca de la Plaza Victoria, tomando el ascensor de Espíritu Santo,
pasaría a visitar a mi amiga Caperucita y me quedaría por horas en
nuestro museo a cielo abierto. Allí aprendería de Matta, de Antúnez,
de Balmes, de Roser Bru. (1)

Subiendo por Héctor Calvo, me detendría un momento a rendir homenaje
a los jóvenes acribillados en el vecindario, en el marco de una de
las últimas acciones militares de la dictadura.

De seguro, pasaría a abrazar a Fernando y Max, en el Museo de
Instrumentos Musicales
de aquel cerro.

Al llegar a la Avenida Alemania, junto al Teatro Mauri, subiría
corriendo al comedor de Neruda. Me imaginaría bebiendo en esas copas
de colores y durmiendo una siesta, mientras mi alma insiste en mirar
el mar.

A la salida de "La Sebastiana", le dedicaría muchos minutos a las
piedras mágicas de María Martner, para luego tomar un bus marcado con
la letra 0, hacia la Plazuela San Luis del Cerro Alegre.

En aquella mañana infinita, visitaría el museo del más tierno de
nuestros adversarios, Lukas, el rostro menos cruel del fascismo. Caminaría con calma por Papudo y por el Paseo Gálvez, regresando al plan por Urriola.

Pje Gálvez

En la Plaza Sotomayor, me pasaría a visitar nuestro ex Correo, actual
sede del Consejo Nacional de la Cultura y dejaría que mi alma
contemplara el edificio de la Primera Zona Naval (2), que fue nuestra
Intendencia y sede del gobierno popular en los veranos de nuestra vía
chilena al socialismo.

Por la tarde, contemplaría la ciudad desde su perspectiva marítima, en
aquellos botes que zarpan desde el Muelle Prat.

Allí, vería como la ciudad danza, como se mueve bajo la vista
cuidadosa del monte Aconcagua, como sonríe coqueta ante los ojos de
los marineros.














La primera y la tercera fotos,creadas por el lente mágico de Pamela Albarracín corresponden a imágenes del Cementerio de Valparaíso, ubicado en el Cerro Panteón.

La segunda foto, corresponde a la mirada de Vigilia, en su reciente retorno a Valparaíso.

El primer video, corresponde al reportaje de National Gegraphic sobre un posible tsunami en nuestra ciudad. Está allí para recordar que Valparaíso es provisorio, que se incendia, tiembla, se inunda y, lo más grave, es devastado por su propio pueblo.

El segundo video es un clip promocional que contiene "La Joya del Pacífico", de Víctor Acosta, la canción más popular sobre nuestra ciudad y que constituye la principal pieza de la banda musical de "Valparaíso mi amor".

El tercer video contiene la canción "Plus bleu que tes yeux", interpretada por Edith Piaf & Charles Aznavour. Es un mensaje en clave. Ella lo va a entender.

Se nota que falta la música del Gitano Rodríguez. La dejo en silencio, porque es demsiado hermosa para estas palabras llenas de caos.

(1) Suelo ver a Roser Bru y a José Balmes por las calles de nuestra ciudad. Llegaron niños en el Winnipeg, de la mano de Neruda, y su alma quedó prendida a nuestros cerros.

(2)Nuestra Ex Intendencia es un copia del "Hotel de Ville", el Municipio de Paris.

11 de febrero de 2007

Alma en la noche del jueves





Hay cosas para las que no pido permiso.
Por ejemplo: para darte un beso,
aunque te cause la muerte y la libertad.

Hay cosas que me pertenecen,
como las nubes de la mañana temprana,
los dolores de tu insomnio,
los sabores de tu cama

Hay cosas que nunca tendré,
como las miradas que dabas a tu padre
y el brillo de tus ojos en ciudades blancas.

Hay cosas que son mías,
como tus pasos en un bosque de cordillera,
y tus ojos dulces
cuando había urgencia de mi carne.


El jueves vi a Alma. Era la medianoche y me moría de sueño en “La Piedra Feliz”; mientras por segundo día consecutivo acompañaba a Pao y su primo tanguero.

De súbito, se abre la puerta de la sala de música tropical y aparece su mirada. Una lluvia de sus ojos escolares recorrió todo mi cuerpo. La palabra "Alma" brotó de inmediato hacia sus oídos. Algo que ocurre una vez cada dos años.

La magia de la chamana cordillerana era un juego de niños. Alma tiene la capacidad de apagar las luces de un edificio con su piel y, por cierto, de expulsar mi sueño y mi tranquilidad de bosques.....de abrir abismos en mi nostalgia cotidiana.

Además no iba sola. Con su cortesía de princesa me presentó a su pololo. Ella se veía alegre y libre. Eso, afortunadamente, me reconfortó.

Iban de la mano. Así, con ese lenguaje de gestos, supe que está separada.

Esa noche, mientras “Don Giovanni” me consolaba con su trivialidad patriarcal, pensé que mis poemas contribuyeron a su libertad.

Tuve la sensación en mi espíritu de haber cumplido mi trabajo de liberación. Una tarea que realicé contra su propia voluntad. No hay marido que se banque un libro de poemas escrito por el amante, para su "propia" esposa.

Me sentí paternalista, invasivo, inmoral. También me sentí feliz.

Asimismo, me di cuenta que este esfuerzo por conservar la memoria me ha dejado afectivamente muy atado. Así por ejemplo, al llegar a mi departamento, fue trágico observar la cama azul construida para nuestra alegría y detenerme nuevamente en su aroma de hospital, que su viejo chaleco rojo conserva en mi closet.

Afortunadamente, no vestía de blanco.







El dibujo es la imagen de mi pudorosa enamorada, elaborado por Javiera Medina para "Prófugos de un Aguacero Azul".-

El poema está inspirado en el regalo de solsticio de verano que le hice a aquella Princesita en el año 2001. Un fin de semana en el Cajón del Maipo, lleno de magia, de atardeceres y estrellas.

Como puede apreciarse, la poesía ya vaticinaba lo que ocurriría. Es una muestra de la fuerza y de la magia de las artes.

Cerrando este artículo, en agradecimiento a Alma por haberme introducido a la belleza de la música, incorporé a José Van Dam cantando "Madamina Il Catalogo e questo".

Es una canción cruelmente alegre, compuesta a fines del siglo XVIII, para "Don Giovanni", por W.A. Mozart. En disco, poseo una grabación de Chaliapin, el cantante preferido del padre de Alma.

En realidad, coincidiendo con Mozart y Lorenzo da Ponte, siento que es muy difícil arrepentirse de la pasión.

6 de febrero de 2007

La tierra late - Ximena está a salvo.





La tierra late. Mis pies, que para los mapuches son los ojos del alma, vuelven a conectarse con el suelo vegetal. Mi piel recuerda los juegos en el barro. El cuerpo cubierto por la tierra. El largo rato de manguerazos que permiten descubrir el cuerpo.

El bosque está compuesto por pellines, canelos, manzanos y decenas de otros árboles que mi lenguaje de ciudad no alcanza a nombrar.

El Río Pangue persiste en su fuerza eléctrica y mágica. El volcán, descabezado y engalanado por la nieve, nos mira con el orgullo de un príncipe ancestral.

Como una lagartija de corazón verde, voy por el río robando la energía de las rocas, extrayendo su calor milenario, alimentándome de cielo y de luz.

Justo en medio del agua poderosa y veloz, me entretengo conversando con los musgos, los visito en aquella zona fronteriza entre el caudal torrentoso y el aire. Ellos me hablan de la pureza, de la humildad, de la sencillez.

De pronto, noto que he descendido más allá del punto de retorno. El río me ha tomado prisionero. Me dejo caer. Sin miedo. Entro de cabeza. De inmediato llevo mis piernas hacia delante. Son sólo unos segundos en que el agua, la vida y la muerte me abrazan.

Llego a otra roca, como en una película, justo antes de la catarata.

Un tábano- uno de verdad- antiguo aguijoneador del pensamiento- me exige reflexionar. ¡ Que torpeza, la de jugar con el río milenario y salvaje!;¡ Que atracción maravillosa la del agua, veloz, transparente, limpia!


Treinta personas hemos llegado al Alto Bio Bio, al interior de la ciudad de “Los Ángeles”, más allá del alcance de los teléfonos inalámbricos. Desde hace seis años que Annette y Andrés organizan encuentros en la primera luna llena de febrero.

Se practica yoga al amanecer; se canta en la forma en que los hacían los mapuches y africanos; se danza; se reúne a la tribu en torno al vapor y la oscuridad del temascal; se juega con símbolos e imágenes; se prepara el espíritu para caminar sobre el fuego.

Y, los más importante, las almas se abrazan en el bosque, al tiempo de armar una carpa, cobijarse del frío, nadar, cantar, buscar un sendero, compartir la frugal comida vegetariana cocinada a leña, esperar los baños bajo los efectos del pan artesanal o simplemente, compartir un mate.

Se que Elaine, Susana, Mónica, Pilar - que me protegió en la oscuridad- María José, María Elena, María, Yuyito, mi prima Flavia y muchos más, ocuparán un lugar en el bosque extendido y universal de nuestras almas. (En muchos sentidos, la experiencia en el Alto Bio Bio es próxima a la que describe Italo Calvino en El barón rampante)

Amla, mi profesora de yoga, con su dulce insistencia, fue la encargada de introducirme a ese mundo extraño y omnipresente. Marcia y Pao, se encargaron de transportarme y de surtirme de materiales para acampar.

Jamás se me pasó por la cabeza, practicar el barbarismo de caminar sobre las brasas. ¡Pero la curiosidad es muy fuerte en mí!.

De pronto, el rito había comenzado. El río se ocupó de limpiar nuestros cuerpos desnudos. Todos – salvo mis shorts naranjas- estábamos vestidos de blanco.

Las mujeres parecían novias o deidades griegas. Las cabelleras arregladas con flores, los ojos iluminados por las estrellas.

La chamana, con su energía desbordante y solemne comenzó a batir su tambor por un largo rato, acompañando la transformación de los leños en brasas.

Las llamas cubren el centro de la planicie delimitada como espacio sagrado. Las personas, convertidas en comunidad, corremos, danzamos, gritamos y seguimos la música de la maga.

El portal se abre cuando la chamana pasa entre las brasas y se cierra cuando transita por segunda vez entre aquellos ocho metros de fuego.

Son unos cinco minutos en que las personas corren o caminan - como Elaine Valencia - entre los pequeños trozos de madera llameante.

Mi mente se mantiene trabajando. Dicen que Buda reprobó estos rituales peligrosos. Esta cuasi flagelación es lo más próximo que he estado del Opus Dei. ¡Qué diría mi admirado Voltaire!

Sin embargo. No hay miedo. Hay especulación, mas no hay miedo.

En fin, la gente cruza entre el fuego y se ve dichosa. La experiencia que mis sentidos confirman y que la música impulsa, persuade a mi voluntad.

Me lanzo, vuelvo a pasar, lo hago por una tercera vez.

Se cierra el rito. La Chamana ha vuelto a cruzar. Los siete hombres de esta nueva tribu, sellamos la entrada con nuestros cuerpos.

La noche se llena de abrazos. Casi todos han pasado. Mi querida amiga Marcia es una de las pocas que no lo ha hecho. Poco importa. La energía ha vibrado en todas partes y nuestros cuerpos se han conmovido, sólo por el hecho de estar allí. Es como regresar a la unidad primordial, como retornar a un antiguo fuego.

Pero no todo ha resultado a la perfección. Pronto, decenas de pies buscan su reparación en el río. Hay muchas personas con pequeñas quemaduras en sus pies, personas que llevan sus heridas con alegría, con pocas quejas, rescatando enseñanzas de sus propios dolores.

Reviso mis pies. Están intactos, sin la más mínima herida.

De vuelta en nuestro pequeño condominio de carpas, la alegría sale a flote. Los límites de la pureza yoguística vegetariana son desbordados. (1) De sus escondites, surge el vino, los licores tropicales, la música de Violeta - vecina de aquella misma tierra-, la poesía, la risa, el humo de los cigarros, incluso, un pequeño trozo de chorizo.

Han pasado tres noches y todavía no se borra la sonrisa de mi alma.

Lo digo con pena, porque al regresar ayer a Valparaíso, me enteré de que un extraño fuego mató a varias personas y arrasó edificios históricos que constituyen parte de nuestra alma comunitaria.

Lo digo con pena, porque ayer supe de la desaparición, desde la tarde del sábado - después del incendio- de mi amiga y profesora de teatro Ximena Núñez.

Su pareja y su familia están deseperados.

Ximena Núñez





Pensando en Ximena y en todas las buenas almas que trabajan para construir la justicia y el amor, les dejo el poema que escribí para Marcia en 1994, justo después de impregnarme del fuego de la Fraternidad.


Una nueva hermana.


El viento de la cordillera,

la luna y el ruido de las olas

me trajeron una nueva hermana,

hermosa como la palabra libertad,

cálida como un beso,

mágica como el color azul

y fuerte como toda mujer.



"Luz Azzul", Valparaíso, 1994.

Nota. Hoy por la tarde, Ximena ha dado noticias de vida. Está sana y a salvo en casa de su madre.

La primera foto es de Mercedes Pimentel, escritora sanfelipeña.

El resto corresponden a la mirada de la fotógrafa Paola Claramunt.

(1) Los organizadores del encuentro me han pedido enfatizar que en el Festival del Alto Bio Bio, la idea es abstenerse del alcohol, el tabaco y las carnes.

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