13 de mayo de 2017

Bosque Andino







Desde siempre he sido un bosque.
Ahora  despierta esa conciencia.
Soy plumaje verde de Los Andes
Piñones entre nubes de altura.
Lugar de güiñas  traviesas.
Hogar del Imbunche.
Sitio que vigila el nahuel.

Soy también la gente.
Eluney y Millaray
Barrio del Cauquén.
Aroma de Canelo y Amancay.
Hongos que  vuelcan la mente.
Lugar amado por la nieve.
La noche refugiada en mi vientre.

Desde mi altura
vi pasar los fugitivos
enamorados y solos
empapados de estrellas
llorando sobre la tierra infinita
mínimos en  la sombra nocturna
seguidos de cerca por serpientes.

Son extraños
y ahora vienen a morir bajo mi luna
tragados por  vientos de montaña
envenenados por la aurora
nuevos silencios eternos
rostros bajo el agua de mi estero
luces que en este instante se pierden,



El poema que  acaba de nacer, conversa con Paul Valéry en:










El bosque amigo


En las sendas pensamos cosas puras,
uno al lado del otro, fugitivos,
cogidos de la mano, y pensativos
en medio de las flores más oscuras.

Íbamos solos, como enamorados,
entre la verde noche del sendero,
compartiendo el fugaz fruto hechicero
del astro que aman los enajenados.

Después, muy lejos, en la sombra densa
de aquel íntimo bosque rumoroso,
morimos -solos!- sobre el césped blando.

Y arriba, en medio de la luz inmensa,
¡oh, amigo del silencio más hermoso,
nos encontramos otra vez, llorando!
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