24 de mayo de 2005

Caminante del Cielo




Con María Victoria, vimos ayer la Venganza de los Sith, la última entrega de la producción que por casi 30 años nos ha vendido en cuotas George Lucas.

Era mi segundo intento por ver la película y no dudé en combatir la lluvia y empaparme de las multitudes en el mall, la larga fila de espera y la sala llena hasta el marcador de goles.

Me pareció un momento cumbre en mi historia personal del cine: como aquella vez en que me calzaron tacos altos para que fingiera tener 14 años y pudiera ver “Lo que el viento se llevó”; o aquella otra en que entramos con Superman al Templo de Hielo que preparó su padre; o esa tarde mágica en que ví a la Bruja de Blanca Nieves caer por los abismos.

Eran los tiempos en que iba con mi abuelita al cine y nuestra aventura en la oscuridad era acompañada por toda clase de golosinas y un pequeño envase de plástico destinado a la función de pelela.

La Venganza, bajo una cubierta de capa y espada; maniobras de combate y coloquios románticos, encierra el hilo de una antigua tradición religiosa y las claves de la convivencia en una Sociedad Libre.

Buda enseñó que el apego: a la pasión, al poder, a la vida, a la riqueza, causa sufrimiento y corrompe la personalidad. En cambio, la compasión, la empatía y la fraternidad, causan alegría y paz.

La película, que incorpora una versión contemporánea del proceso iniciático bajo la matriz de la ilustración, tiene la gracia de presentar en versión masculina- femenina el arquetipo del iniciado, mediante una pareja de gemelos.

En otro campo de mayor detalle, pero de especial relevancia, la obra reemplaza el tradicional perro del Tarot, el inolvidable Toto de Doroty, por un robot experto en librar a los protagonistas de los abismos galácticos.

Con ello, se subraya una realidad cada día más notoria, a saber, el rol de auxilio, compañía y protección que nos prestan las tecnologías.

Otro punto, de singular relevancia, es el de la tentación que seduce al joven Anakin, quien va más allá de Jesús en el Desierto y llega a ungirse como Príncipe de todo el Universo.

El caminante del cielo –skywalker - siguiendo el modelo trazado por los héroes solares, atrapado en las tinieblas de la noche, comienza la lucha por abandonar la codicia, la pasión por los placeres, el delirio del poder.

Al conectarse Anakin con los vicios propios de las personas comunes, se torna más entendible y más próximo a nosotros en el camino del crecimiento espiritual.

Deja de ser un semidios, y, pese al acero de sus implantes, se transforma en un hombre.

Me entretuve mucho con el despliegue de la simbología iniciática, pero, lo que más me impactó es la provocadora mirada de la obra sobre nuestra historia, y, particularmente sobre lo que ocurre con Estados Unidos de América.

El Canciller, coludido con sus “adversarios”, inventa guerras para incrementar su poder, en desmedro del Parlamento, la libertad y las mentes lúcidas de su comunidad: los Jedi.

En el campo de la historia, algo así nos ocurrió con la Democracia de Atenas, la República Romana y la Alemania de Weimar.

Tal vez, algunos de los millones de espectadores de esta película, buscarán en Internet las enseñanzas de Buda o indagarán sobre el incendio del Parlamento Alemán y el pacto de no agresión entre Hitler y Stalin.

Otros, quizá, vean reminicencias de Ricardo III, cruel y deforme, ordenando la muerte de su hermano y sus sobrinos; de Macbeth engañado por las profecías; o de Otelo, manipulado a través de los celos hasta estrangular a su amada y quedarse sin alma (Desdemona).

En el plano de la coyuntura, no es necesario ver debajo del agua para encontrar alusiones directas a la política de alianza y garrote seguida con Irak, bajo la presión de los grupos económicos vestidos con el ropaje del conservadurismo cristiano y la seguridad nacional.

Tampoco pasa inadvertido, el cuestionamiento hacia la conducta de las masas que aplauden la guerra y la restricción de las libertades, prisioneros del miedo, la ignorancia y el fanatismo.

Pero, la cinta, no se queda en la denuncia, se da el trabajo de mostrar algunas de las puertas de escape: la educación y las artes.

La educación, se nos presenta como un peligro para el poder. La Tiranía, necesita eliminar a los niños que se entrenan para distinguir el engaño de la realidad y se forman en el amor a la virtud.

El Poder requiere de hombres cegados por el miedo, que no pregunten, no opinen, no disientan.

La Tiranía necesita de técnicas, no de humanidades que a la manera de Virgilio, muestren el camino hacia los Cielos. Necesita de hombres dedicados a sus propios negocios, no de mentes universales.

La película realza el valor de las artes, al combinar con maestría los requerimientos de la industria cinematográfica y la necesidad de exponer con claridad los temas que atañen al desarrollo de la humanidad.

Todavía más, la propia obra, al expresarse en términos simbólicos, invita a crear lazos entre la ficción y la realidad. La película es un tesoro, no por la cantidad de información que entrega, sino que por la variedad y el número de las asociaciones que invita a practicar, permitiendo el crecimiento y el aporte de cada espectador.

Esto significa que la película es un istrumento didáctico, una fuente masiva de diálogo y expansión del alma, en la línea de la Divina Comedia, el Quijote, el catálogo de dramas Isabelinos, Fausto o la obra Proustiana.

La Venganza de los Sith, milita en esa venerable tradición, en medio del Pop Corn y de los Malls.

George Lucas: «Ojalá este filme pueda despertar a la gente en EE.UU.»

Madrid, ABC,, 16 de Mayo


George Lucas recogió ayer el premio de honor del festival (Cannes) a bordo del «Queen Mary II», el barco de pasajeros más grande del mundo, que fondeó en la bahía de esta ciudad. «Ojalá el filme pueda despertar a la gente de Estados Unidos, en especial ante amenazas a nuestra democracia», afirmó el cineasta. La historia subliminal de «La venganza de los Sith», subrayó en rueda de prensa antes del estreno de su película fuera de competición, es «saber cómo una democracia se convierte en dictadura. Cuando escribí este episodio no estábamos en guerra en Irak, financiábamos a Sadam Hussein, le ofrecíamos armas de destrucción masiva, no le considerábamos un enemigo. Es increíble el paralelismo entre lo que hicimos en Vietnam y en Irak. En Estados Unidos puede haber problemas en democracia; de corrupción, por ejemplo».





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