23 de mayo de 2005

Noche de Tormenta

Desde niño, me encantan las noches de lluvia y viento.

Ver las olas aplacar su furia contra la ciudad,

mientras la ventanas del Cap Ducal

se efuerzan por contener la tormenta.


Esta semana estuvimos con Gabita,

habitando una noche de viento

llenamos de letras verdes los manteles

y nos besamos con palabras que sabían a

vino y lluvia.



No demasiado lejos,

hombres de 18 años,

emprendían una marcha de nieve y muerte.





Gaby:


Ya el vino baña mis ideas

y cubre mis palabras

como la espuma de este mar:

incitándonos a volar

por la atmósfera

de velas y humo.



G.

Eres franca y tumultosa

como el torrente acuoso de tu mirar.

Bebes acaso del cielo para ser tan libre?


Gaby:

Viene la libertad acaso del cielo

o de un rincón inexplorado en el fondo de tus ojos,

donde no caben ya las excusas

y se llenan de razones las ideas

en la consecuencia taciturna de la tarde

que antecede al pabellón de mis delirios.


G.:


Has ocupado los puentes que ceden a tu belleza?

Los has cubierto con tus ojos hasta que los perdone la tarde?


Gaby:


¿Será mi paladar o mi lengua quien degustará las sorpresas

que esta noche esconde tras sus estrellas?


G.:


Has practicado conversar con la lunas hasta persuadirla de dormir sobre tu pecho

y enseñarle tus deseos y tus sueños?



Gaby:


A media Luz las palabras

se transforman en versos

que tu poesía llega a completar,

llenándolo todo de un matiz de velas,

tan íntimo, tan tuyo,

como las flores de una mujer

que escapó de tus brazos.

Me encanta tu voz,

porque se vuelve canto de la tierra;

una fiesta de vírgenes en

guerra.


Allí donde hay dos bandos.


Tu corazón y el mío.


G.

Versos tristes,

como el sonido de tu orinar sobre las playas.


Gaby.


¿Has hablado tú a la niebla

y al esbozo de lluvia

que esta noche nos conmueve,

has preguntando por países lejanos,

donde sólo habitan los versos de la belleza

efímera?


Has preguntado: Quién eres?



G.:


Cómo será tu despertar

cuando comience la primavera

y tu nombre sea azul,

vuele y se extienda?.


Gaby.:


Será triste mi nombre,

como es el verde esta noche?

Triste en su andar y su vestir....

de penas pasadas será triste?.

Triste como tus ojos

tras el manto de estrellas que nos convocan.

Triste como las chispitas

que ya no despiertan en mis manos.

Triste como el sabor de tus besos

en mis labios cuando ya no han de regresar.?


G.:


Porqué te ufanas de poseer la noche perfecta; análoga al aroma de tus senos y al

rostro divertido de tu cara cuando es domingo y amanece?


Gaby:

¿Llenas tú también la noche de risas sin desespero, atrapando el espacio sin fin

que en la víspera han dejado las caricias?


G.:


Has perdido tu piel en un camino de Santiago

cuando Jesús era azul

y bebía whisky

mientras fumaba y reía?


Gaby:


Fue quizás perdiendo mis pasos

que encontré tus versos en una copa de vino?

Fue entonces

que los juicios sobresaltados de la piel

habitaron la luz de los espacios

para menguar tus intenciones

y mis palabras multiformes.



¿Qué hago ahora con las chispitas en mis manos?

¿Qué hago ahora

con toda la magia

que no he de hallar sobre su piel?


G.:


Nada de tu boca me pertenece,

pero cuando llenas de imágenes la noche

o viertes tus ojos sobre mis sueños,

algo de mí se queda

entre los dedos,

entre los dedos de tus pies.



Gaby.:


Me encantan las noches contigo

porque se visten de poesía.

Me encantan porque me llenas

de caricias y deseos

que en otros sueños se han de encontrar.
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