29 de diciembre de 2009

Envidia





Envidia, a ti te escribo:

se que gobiernas nuestra marcha,

gatillas el deseo, desatas las guerras

y manchas de celos el amor,

aunque te encerremos en un anillo o un pañuelo.


Imitación de mierda,

en la ropa te llamas moda,

igualas los votos del vecindario,

invades de carteles la población.



El mago William S. te puso sus guantes encima,

trazó el camino del elogio al amor,

llevó el veneno de hermano a hermano,

ocultó el amor gay en tu sombra.


Mímesis, conviertes la infinita red

en unos pocos sitios,

reduces la variedad de nuestras mesas,

el destino de nuestros viajes,

los números de la libertad.



Mímesis, eres la arcilla

que maneja el artista,

el políltico, el amante,

el embaucador.



Te convoco para darte la mano,

observarte desnuda,

emplearte en provecho de la luz.








En la imagen, la paleta de Degas nos muestra una clase de danza en que las bailarinas aprenden por imitación y, a su vez, el público y el propio pintor quieren ser como ellas, identificarse con ellas, envidiarles una gracia que nos falta.

Pensemos ahora en nuestras calles llenas del rostro del candidato de la UDI y Renovación Nacional, invitando al ciudadano a sentirlo como un vecino más e invitando a ser como él, a votar por él.

La carga mimética de la propaganda puede definir los votos, el poder mimético del arte, en cambio, a la larga puede definir nuestras vidas.

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