19 de febrero de 2013

Odiseo Femicida












Doce esclavas indignas


siervas y obreras de mi casa


han entregado sus cuerpos


a quien no me complace,


los groseros y numerosos


pretendientes,


aquellos que vejaron mi hogar


y desearon a mi esposa


durante los veinte años


que duró mi ausencia.






Yo, dueño de estas mujeres,


las privaré del aire y la luz


haré que lloren sobre los cuerpos que amaron,


y las mataré como perras,


porque ya no disfruto su existencia.






Les exigiré primero que trasladen los cadáveres.


Luego, provistas de agua y de esponjas de múltiples ojos,


limpiarán entre lágrimas y hondos suspiros,


las heridas de los cuerpos inertes,


la comida derramada en mi piso,


la sangre que ahora abunda en mis armas,


mis cortinas, mis paredes.






Cuando hayan terminado su trabajo


no miréis sus lágrimas


no atendáis sus súplicas


no recodéis los abrazos y los servicios


olvidad los hijos, los afectos,


la ropa que tejieron con sus manos,


el fuego que cuidaron en silencio.






Olvidadlo todo


y heridlas con lanzas y espadas,


allí no lejos de mi cerca,


hasta que las almas se divorcien de los cuerpos


y se extinga para siempre


el placer que buscaron sin permiso.






Y sin embargo,


no fue cumplida en todo mi palabra,


pues terminada la llorosa limpieza,


para su mayor oprobio


fueron encerradas en un lugar estrecho


y ahorcadas con la cuerda de un navío.






Tan solo agitaron los pies


por un breve espacio de tiempo,


por un mínimo espacio de tiempo.














Este texto conversa con la Odisea en los siguientes párrafos:







411 —¡Anciana! Regocíjate en tu corazón, pero conténte y no profieras exclamaciones de alegría; que no es piadoso alborozarse por la muerte de estos varones. Diéronles muerte la Moira de los dioses y sus obras perversas, pues no respetaban a ningún hombre de la tierra, malo o bueno, que a ellos se llegase; por esta causa, con sus iniquidades se han atraído una deplorable muerte. Mas, ea, cuéntame ahora qué mujeres me hacen poco honor en el palacio y quiénes están sin culpa.





419 Contestóle Euriclea, su ama querida:





420 —Yo te diré, oh hijo, la verdad. Cincuenta esclavas tienes en el palacio, a las cuales enseñé a hacer labores, a cardar lana y a soportar la servidumbre; de ellas doce se entregaron a la impudencia, no respetándome a mí ni a la propia Penelopea. Telémaco ha muy poco que llegó a la juventud, y su madre no le dejaba tener mando en las mujeres. Mas, ea, voy a subir a la espléndida habitación superior para enterar de lo que ocurre a tu esposa, a la cual debe de haberle enviado alguna deidad el sueño en que está sumida.





430 Respondióle el ingenioso Odiseo:





431 —No la despiertes aún; pero di que vengan cuantas mujeres cometieron acciones indignas.





433 Así le habló; y la vieja se fue por el palacio a decirlo a las mujeres y mandarles que se presentaran. Entonces llamó el héroe a Telémaco, al boyero y al porquerizo, y les dijo estas aladas palabras:





437 Proceded primeramente a la traslación de los cadáveres, que ordenaréis a las mujeres; y seguidamente limpien éstas con agua y esponjas de muchos ojos las magníficas sillas y las mesas. Y cuando hubiereis puesto en orden toda la estancia, llevaos las esclavas afuera del sólido palacio, y allá, entre la rotonda y la bella cerca del patio, heridlas a todas con la espada de larga punta hasta que les arranquéis el alma y se olviden de Afrodita, de cuyos placeres disfrutaban uniéndose en secreto con los pretendientes.





446 Así se lo encargó. Llegaron todas las mujeres juntas, las cuales suspiraban gravemente y derramaban abundantes lágrimas. Comenzaron sacando los cadáveres de los muertos, y apoyándose las unas en las otras, los colocaron debajo del pórtico, en el bien cercado patio; Odiseo se lo ordenó, dándoles prisa, y ellas se vieron obligadas a transportarlos. Después limpiaron con agua y esponjas de muchos ojos las magníficas sillas y las mesas. Telémaco, el boyero y el porquerizo pasaron las rasqueta por el pavimento de la sala sólidamente construida y las esclavas se llevaron las raeduras y las echaron afuera.





457 Cuando hubieron puesto en orden toda la estancia, sacaron aquellos las esclavas de palacio a un lugar angosto, entre la rotonda y la bella cerca del patio de donde no era posible que escaparan.





461 Y el prudente Telémaco dijo a los otros:





462 "No quiero privar de la vida con muerte honrosa a estas esclavas que derramaron el oprobio sobre mi cabeza y sobre mi madre, durmiendo con los pretendientes.





465 Así habló; y, atando a excelsa columna la soga de una nave de azulada proa, cercó con ella la rotonda, tendiéndola en lo alto para que ninguna de las esclavas llegase con sus pies al suelo. Así como los tordos de anchas alas o las palomas que, al entrar en un seto, dan con una red tendida ante un matorral, encuentran en ella odioso lecho; así las esclavas tenían las cabezas en línea y sendos lazos alrededor de sus cuellos, para que muriesen del modo más deplorable. Tan solamente agitaron los pies por un breve espacio de tiempo, que no fue de larga duración.













En la obra de Waterhouse, proveniente de www.we.usal.es, se aprecia a las esclavas, Penélope y los pretendientes.



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