27 de abril de 2013

Anita Bugueño





Ha muerto la hija
La muchacha de 16 que trabajaba en la JAP.
La risa con minifalda.
La esposa del viajero.
La madre.
La cristiana.
La viñamarina.
Mi amiga.

Ha muerto de repente.
Se transformó en estrella.
En edad de abrazos.
En su querida Iglesia.

¿Ahora quién defenderá la alegría?
¿Quién leerá mis poemas?
¿Quién cuidará de sus sueños?

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