17 de febrero de 2015

El pastor regresó por sus ovejas



Francisco ha salvado las columnas.
En Plaza de Pedro el Evangelio.
Cristo limpiando sus heridas.
Miles de Cristos en su hogar de piedra.
El poema hecho noticia.
Agua fresca sobre el mismo Dios.
El pastor regresó por sus ovejas.



Esta mañana, los sincronismos.

El correo me trae una invitación de Francisco Acevedo a escribir sobre  salud,  dignidad sanitaria de nuestro pueblo,   trabajos y sueños de  nuestros compañeros  de la  salud pública chilena.

La televisión  cruza mi espíritu con duchas y  barbería  para desamparados, precisamente junto a las columnas de San Pedro, realizando y recordando el sentido esencial del Evangelio, servir al prójimo que sufre, porque ese prójimo es maravilloso, es el mismo Dios.

Esta coincidencia significativa ha  definido el primer poema del nuevo libro y el contenido que busco darle a sus silencios.

Su poesía debe ser  humana y no sólo una flor erguida sobre palabras. Su poesía debe  ser el dolor, la rabia y la esperanza. Debe ser genuina y no  una excusa o un reproche.  Sus poemas, no pueden  ser  pequeñas explosiones de año nuevo, sino que dardos de la sangre hacia la mente.

Las imágenes provienen de este sitio.

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