Lo que queda del V
Encuentro Internacional de Escritoras y
Escritores Laicos, realizado en Viña del Mar, es la alquimia entre océano y poesía
sobre una embarcación cargada de cielo y sal, la voz de la primera
escritora de la historia, Enheduanna, invocada por Zulema
Retamal, las emociones de Tomás, personaje de Roberto Rivera, escondido
y prófugo en laberintos del subte bonaerense, la voz de Damia Mendoza poderosa, alegre y profundamente Americana
Quedan la
virtudes extraordinarias en canto , danza, poesía y compromiso social, de Lourdes
Montenegro, alma brillante de Chile y maestra de slam.
Queda Nuestro lazo fraterno en Plaza Vergara, Bach fluyendo
desde su centro gracias a Rodrigo Wilhelm, la participación de estudiantes del
Liceo Bicentenario de Viña del Mar y de la Escuela La Igualdad.
Queda la medalla Letras Laicas por una vida entregada a la cultura para Eduardo Aramburu,
Ernesto Rojas, Antonio Rojas, Guillermo Bown y Juan Cameron, Nuestro candidato
al Premio Nacional de Literatura.
Queda la
danza y el teatro con Susana González, Sandra Julio y el Club de Teatro de Viña
del Mar.
Quedan
los cantantes líricos, Daniel Díaz, Carlos Martel, María José Trujillo y el afamado
tenor, José Azócar.
Queda el
poder vibracional de Julio Prischtt, la elegancia y el encanto de “Las
Gardenias”, la permanencia del canto de Crichard González y Patricio Villalobos, la voz incomparable de Antonia Cordero,
“Antokan”, el rescate del lenguaje de nuestros ancestros originarios, gracias a Raúl
Carimán y sus intérpretes en múltiples lenguas.
Queda el
verbo poético de Marisol Utreras,
Claudio Acuña, Claudia Fadda, Ángela
Neira Muñoz, Carola Jamett, Eli Guerrero, Roberto Cárdenas , Damia, Lourdes
y Eduardo Aramburú.
Quedan
los cuentos astutos de Ascención y los
poemas escritos en luz de Marcia Orell y Tevo Díaz.
Queda la
portentosa fuerza juvenil de la “Sociedad Anónima del Errante”, maestros de arte que cruzaron la alta noche
entre jazz, poesía y unión.
Queda la vistita a nuestros "Muros que miran al mar" y el recorrido por los cerros de Valparaíso, guiados por las virtudes Carlos Salazar Arriagada.
Queda Jaime Galté cruzando entre Oriente y Occidente.
Queda Elías Irazoqui, retomando la amistad entre matemáticas y poesía.
Queda la erudición casi arqueológica de Soledad Falabella, rescatando las verdades de Gabriela Mistral y hechizando con sus poderes al público.
Queda Teresa Wilms Montt montando su espejo para abrazar a sus hermanas en el combate por la liberación femenina, un trabajo de autodefensa y de respeto por la propia dignidad.
Queda la hazaña de haber cruzado dos crepúsculos y una aurora para crear un campo de conciencia en torno a la paz.

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