2 de enero de 2007

Atrapados


lihn


Las burbujas creaban una marea blanca. Mis ojos veían el fondo del río como una planicie de sal.

Esa mirada era ficción. Tomo un puñado de piedrecillas y al sacarlas a la luz, observo pequeñas roquitas pigmentadas de los más diversos colores.

Vuelvo a bajar. Me introduzco bajo una pequeña catarata. La corriente me empuja. Me aferro a una piedra para resistir la fuerza mágica del agua.

En ese instante, viene a mí el recuerdo. Nuestra casa de campo. Mi mano en el tubo de desagüe, resistiendo la succión. Se siente un peligro absurdo, inmoral.

La catarata es como el chorro de agua que llenaba la piscina, divirtiéndonos con su carga de frescura y con los pequeños bichitos que afloraban entre sus burbujas.

Pienso en Enrique Lihn. Veo que es cierto. Nunca salí de la piscina familiar. Del buceo en las aguas tranquilas. Del mínimo peligro de caer en picada hacia los azulejos relucientes.

Regresemos al Altiplano. El agua es tibia y la catarata nos regala un jacuzzi natural.

Algunos turistas sacan copas y botellas de champaña. Los volcanes nos regalan su mirada más dulce. Mi corazón se anima y paso las últimas horas del año hablando con decenas de personas de todas partes del mundo, bajo el pretexto de una lectura de tarot.

Me sorprendo hablando en lenguas que no conozco, mientras mi ciudad, Valparaíso, celebra su día más sagrado.


puritama




NUNCA SALI DEL HORROROSO CHILE

Nunca salí del horroroso Chile
mis viajes que no son imaginarios
tardíos si -momentos de un momento-
no me desarraigaron del eriazo
remoto y presuntuoso.

Nunca salí del habla que el Liceo Alemán
me infligió en sus dos patios como en un regimiento
mordiendo en ella el polvo de un exilio imposible
Otras lenguas me inspiran un sagrado rencor:
el miedo de perder con la lengua materna
toda la realidad. Nunca salí de nada.


Enrique Lihn. A partir de Manhattan. Poemas. Ediciones Ganímedes, Valparaíso, 1979.


El antiguo edificio del Liceo Alemán, quedaba en el costado sur de la Alameda, en los terrenos que ahora ocupa la Carretera Norte Sur.

El inmueble no sobrevivió, sólo quedó el poema, brincando sobre patios fantasmas, sin que el alma lograra huir de la infancia.
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