28 de enero de 2007

todas ibamos a ser reinas




Todas íbamos a ser reinas,
de cuatro reinos sobre el mar:
Rosalía con Efigenia
y Lucila con Soledad.

En el valle de Elqui, ceñido
de cien montañas o de más,
que como ofrendas o tributos
arden en rojo y azafrán.

Lo decíamos embriagadas,
y lo tuvimos por verdad,
que seríamos todas reinas
y llegaríamos al mar.

Con las trenzas de los siete años,
y batas claras de percal,
persiguiendo tordos huidos
en la sombra del higueral.

De los cuatro reinos, decíamos,
indudables como el Korán,
que por grandes y por cabales
alcanzarían hasta el mar.

Cuatro esposos desposarían,
por el tiempo de desposar,
y eran reyes y cantadores
como David, rey de Judá.

Y de ser grandes nuestros reinos,
ellos tendrían, sin faltar,
mares verdes, mares de algas,
y el ave loca del faisán.

Y de tener todos los frutos,
árbol de leche, árbol del pan,
el guayacán no cortaríamos
ni morderíamos metal.

Todas íbamos a ser reinas,
y de verídico reinar;
pero ninguna ha sido reina
ni en Arauco ni en Copán...

Rosalía besó marino
ya desposado con el mar,
y al besador, en las Guaitecas,
se lo comió la tempestad.

Soledad crió siete hermanos
y su sangre dejó en su pan,
y sus ojos quedaron negros
de no haber visto nunca el mar.

En las viñas de Montegrande,
con su puro seno candeal,
mece los hijos de otras reinas
y los suyos nunca-jamás.

Efigenia cruzó extranjero
en las rutas, y sin hablar,
le siguió, sin saberle nombre,
porque el hombre parece el mar.

Y Lucila, que hablaba a río,
a montaña y cañaveral,
en las lunas de la locura
recibió reino de verdad.

En las nubes contó diez hijos
y en los salares su reinar,
en los ríos ha visto esposos
y su manto en la tempestad.

Pero en el valle de Elqui, donde
son cien montañas o son más,
cantan las otras que vinieron
y las que vienen cantarán:

-"En la tierra seremos reinas,
y de verídico reinar,
y siendo grandes nuestros reinos,
llegaremos todas al mar."



Gabriela Mistral, "Tala", 1938.









Gabriela Mistral , tuvo un hijo llamado Yin Yin (Juan Miguel Godoy Mendoza).

Siempre lo trató en público como un sobrino. Muchas décadas más tarde, su albacea reveló aquel secreto candente.

Aquel hijo en las sombras, se suicidó a los catorce años de vida.

Hace medio siglo, ser madre soltera en nuestro continente, implicaba una deshonra, un motivo de humillación y desprecio.

En Chile, hasta el 2004, una mujer abusada por su marido, no tenía derecho al divorcio. Sólo desde 1994 es posible expulsar del hogar a la persona que golpea a una mujer.

Actualmente, el aborto sigue considerándose un delito, pese a que constituye una práctica bastante habitual, y en los hechos, despenalizada.

Nuestras reinas comienzan a llevar con orgullo el título de ciudadanas. Es un triunfo de Gabriela, de Violeta, de Gladys, de Diamela, de Teresa, de Beatriz, de Ifigenia, de Olga.

El Orden Patriarcal está herido en nuestra tierra. No en vano, una de las nuestras ha transitado entre el Centro de Torturas y La Moneda.

En los últimos meses, nuestras artes escénicas han reflejado con asuidad esta transformación social que da cuenta de un país y de una mayoría de familias en que las mujeres solas están al mando.

En Infamante Electra, un afamado senador, admirado por su coraje y sus dotes de conquistador es televisivamente destruido y judicialmente condenado por sus perversiones sexuales. La realidad y el discurso del arte, se abrazan. El buen padre de familia se desmorona. En los hechos, nunca existió.

Los grandes personajes femeninos de Ibsen, Nora y Hedda Gabler, tomaron los cuerpos de Amparo Noguera y Claudia Di Girolamo para explicarnos con sus portazos y disparos que el régimen de sumisión patriarcal está en guerra permanente con las mujeres que han decidido gobernarse a si mismas en ejercicio de la sagrada libertad.

Ello, aunque cueste el quiebre del matrimonio o la vida.

Así las cosas, no es extraño que en estos días de mágico verano, Royal de Luxe, encante a millones con la ciudadana aventura de una niña gigante que encarcela al furioso rinoceronte que estuvo destruyendo Santiago.

Anoche vi a la muñeca roncando en la Plaza de la Constitución. Junto al monumento de Salvador Allende, una muchacha me dijo: ¡ Es fantástico! Al fin se termina el toque de queda!






Aquí está la mirada poderosa de Pamela Albarracín y una foto áerea de www.emol.com





Las imágenes en blanco y negro corresponden a Gabriela con dos de aquellas reinas y con su pequeño hijo.
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