9 de junio de 2007

Fuenteovejuna

Foto de Mauricio Palma para "El Mercurio"


La noche del jueves vimos “Fuenteovejuna” en la magnífica puesta en escena que se presenta en Matucana 100, bajo la dirección de Andrés Céspedes y con una emotiva Paty López como Laureana.

Me encantó la música, la danza, el anhelo de justicia, la unión del pueblo para derrotar al tirano.

Sin embargo, lo que me conmovió hasta el alma, es la forma en que se ahonda en la relación padre- hija.

La manera en que se expresa el deber paterno de proteger a la hija, de defenderla, más que a la vida y a la dignidad propia.

Con mucha razón mis amigas me dirán que lo que hay allí es un grito de independencia femenina. ¡Ya que ustedes son ovejas, dennos a nosotras las armas!

Es cierto, pero en esto días lo que me emociona es el lazo del padre con su hija.

Les dejo aquí aquel fragmento tan vibrante en que Laureana, luego de ser violada, se introduce a la Asamblea de los Hombres de Fuenteovejuna, para enrostrarles su cobardía.




ESTEBAN: ¡Hija mía!
LAURENCIA: No me nombres
tu hija.
ESTEBAN: ¿Por qué, mis ojos?
¿Por qué?
LAURENCIA: Por muchas razones,
y sean las principales:
porque dejas que me roben
tiranos sin que me vengues,
traidores sin que me cobres.
Aún no era yo de Frondoso,
para que digas que tome,
como marido, venganza;
que aquí por tu cuenta corre;
que en tanto que de las bodas
no haya llegado la noche,
del padre, y no del marido,
la obligación presupone;
que en tanto que no me entregan
una joya, aunque la compren,
no ha de correr por mi cuenta
las guardas ni los ladrones.
Llevóme de vuestros ojos
a su casa Fernán Gómez;
la oveja al lobo dejáis
como cobardes pastores.
¿Qué dagas no vi en mi pecho?
¿Qué desatinos enormes,
qué palabras, qué amenazas,
y qué delitos atroces,
por rendir mi castidad
a sus apetitos torpes?
Mis cabellos ¿no lo dicen?
¿No se ven aquí los golpes
de la sangre y las señales?
¿Vosotros sois hombres nobles?
¿Vosotros padres y deudos?
¿Vosotros, que no se os rompen
las entrañas de dolor,
de verme en tantos dolores?
Ovejas sois, bien lo dice
de Fuenteovejuna el hombre.
Dadme unas armas a mí
pues sois piedras, pues sois tigres...
--Tigres no, porque feroces
siguen quien roba sus hijos,
matando los cazadores
antes que entren por el mar
y pos sus ondas se arrojen.
Liebres cobardes nacistes;
bárbaros sois, no españoles.
Gallinas, ¡vuestras mujeres
sufrís que otros hombres gocen!
Poneos ruecas en la cinta.
¿Para qué os ceñís estoques?
¡Vive Dios, que he de trazar
que solas mujeres cobren
la honra de estos tiranos,
la sangre de estos traidores,
y que os han de tirar piedras,
hilanderas, maricones,
amujerados, cobardes,
y que mañana os adornen
nuestras tocas y basquiñas,
solimanes y colores!
A Frondoso quiere ya,
sin sentencia, sin pregones,
colgar el comendador
del almena de una torre;
de todos hará lo mismo;
y yo me huelgo, medio-hombres,
por que quede sin mujeres
esta villa honrada, y torne
aquel siglo de amazonas,
eterno espanto del orbe.

ESTEBAN: Yo, hija, no soy de aquellos
que permiten que los nombres
con esos títulos viles.
Iré solo, si se pone
todo el mundo contra mí.














El comentario de Marco Antonio de la Parra en "La Nación".
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