12 de enero de 2011

La escalera interior




Hoy he descubierto una puerta en el suelo de mi casa. Ella cubre una escalinata iluminada y de venerable tamaño que conduce a varios hogares ubicados cerro abajo.

Todos las casas están bañadas de sol y próximas al mar.

En las habitaciones predominan el blanco y el verde. Viven allí pintores y músicos. Mujeres con lentes y cigarros, loros de buenos modales, ancianos que preparan tomates y puerros.

Hay un recinto lleno de libros y busco allí el antiguo arte, el espíritu secreto del vidrio, la noble verdad de la madera. Cierta voz me recomienda un volumen entre todos y lo tomo con cuidado, consciente de su honda valía.

En la última casa se divisan las olas de Caleta Portales. Hay una cocina de extensas dimensiones en que corre el agua en un lavaplatos lleno de verduras y una habitación en que alguien pinta un mural interior.

Al intentar salir, entre la mampara de vidrio y la puerta exterior, hay decenas de personas enhebradas, cuerpos cuajados de lujuria, desnudos en un cuarto de placer, desplegando una misma danza, impidiendo cualquier paso, mojando el aire con sus líquidos, independientes de todo género y de todo pudor.

Aquel mar humano me impidió salir a la calle y regresé subiendo la escalera, hasta alcanzar mi casa y mi paz. Sin embargo, el libro no está conmigo. Vuelvo una y otra vez por él, incluso lo veo desaparecer al cruzar la puerta de mi sueño.



La imagen proviene de http://laventanadelespacio.blogspot.com/


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