11 de enero de 2012

Estudiante de Barricada



Conocí a niños que buscaban ser golpeados
feos, pobres, amanerados o escuálidos
provocaban patadas y risas
como pidiendo ser admitidos
existir en la vida de los dueños
mediante juegos de burla y sumisión.

¿Cuánto de ello se aplica a la política?
Imagine usted a un estudiante de barricada
convertido en profesor de estadística
publicista de  multitienda
ingeniero de minas
abogado del comercio
vendedor de viagra
y remedios contra la pena

Mejor no lo imagine y obsérvelo
Véalo arrodillarse a cambio de 4000 dólares
Escuche el hielo en su alma
cuando sufre ante el temor del despido
cuando esconde veneno en las aguas de su pueblo
 acusa las faltas de un compañero
o hace pequeños robos simulando gastos.

Antes, creyó poder volar con su alma
y crecer en su alegría hasta llenarse de luz
Ahora esa esperanza duele como un brazo quebrado
y es incómoda como zapatos de fiesta
en plena mañana de aguacero


Este texto conversa  con Frank Shaughnessy (Chicago, 1976),  en el siguiente poema:




El albatros






Por divertirse, a veces, los chicos de la escuela

agarran a otro chico, asmático u obeso,

con acné, miope, gay o simplemente raro,

para darle unos golpes o sacarle la plata.



Ni bien quedan tirados boca abajo, en el patio,

esas criaturas tímidas, rojas como un tomate,

respirando agitadas, llenas de moretones,

comienzan a arrastrarse buscando escapatoria.





¡Qué patéticos son sus esfuerzos inútiles!

¡Cómo ríen los chicos que observan a un costado!

Bajando el pantalón, uno expone sus nalgas;

otro agresor se burla de su hermana y su madre.





No se parece el poeta al chico que es golpeado,

ni a aquel que lo golpea, sino a ambos a la vez:

víctima de sí mismo, abusador de sí,

alas imaginarias le impiden caminar.



Frank Shaughnessy (Chicago, 1976), Covers, Harvest Moon Press, 2005




La imagen proviene de http://poetasdelgradocero.blogspot.com/

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