13 de octubre de 2016

Votar libremente y honrar la palabra empeñada. Un dilema ético.

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En las democracias contemporáneas, votar en elecciones de gobernantes y legisladores  es un  derecho humano garantizado por  constituciones y tratados internacionales.

Tenemos  derecho a votar con garantías que amparan nuestra libertad: sin  presiones , en forma secreta e informada, obedeciendo exclusivamente  a nuestra propia conciencia.

Votar en conciencia, quiere decir pensando  nuestra decisión en forma coherente con los  principios  éticos que hemos aceptados como guías de conducta.

El  "honor" consiste precisamente en cumplir los deberes asumidos. Por lo que  mancha nuestro honor el incumplimiento de los  deberes éticos que hemos asumido.

Un principio  ético  ampliamente aceptado es cumplir la palabra empeñada, "pacta sunt servanda". Se aplica a los ciudadanos  que participan en elecciones primarias,   quienes empeñan su palabra en orden a  votar en  la elección  definitiva  por el candidato vencedor  en el certamen  preliminar.

En ese marco , repugna a  nuestra conciencia  participar en primarias de los adversarios  sabiendo de antemano que no sufragaremos por el candidato surgido de aquel torneo preliminar.

Aquel principio,   pese a su elevada importancia,   tradicionalmente reconoce  excepciones, que  al momento solitario de votar , permiten a nuestra a  conciencia liberarse del peso de la palabra empeñada:

* Si  el candidato surgido  de las primarias se aparte del programa en base al cual fue elegido. En efecto, si el candidato desatiende sus promesas, nos libera de cumplir la nuestra. Si el candidato rompe el pacto, nos libera de todo compromiso.

* Cambio sustancial  de las condiciones de la elección.  La promesa ética  que nace de una elección primaria, supone  la permanencia de  requisitos  básicos.

Un requisito básico de nuestro compromiso ,  consiste en que el candidato sea una persona honesta. De  tal  modo, si con posterioridad a la elección primaria sospechamos de manera fundada y leal   que el candidato ganador de las primarias ha cometido  conductas que contravienen valores  fundamentales, nuestra conciencia  deberá liberarnos de cumplir nuestra promesa. Evidentemente es incoherente alegar estos defectos si ya los conocíamos al momento de la elección primaria. Será sólo un autoengaño para safarnos de remordimientos.

Un segundo requisito básico consiste en la permanencia de  las condiciones objetivas de la elección.  El compromiso surgido de la votación  primaria supone un contexto de hechos.  Una opción razonable o lejana de ganar las elecciones. Un contexto de seguridades  y riegos .Un determinado panorama político.  Así por ejemplo:  El peligro  nuevo y  nuevo real del triunfo de un candidato que amenaza nuestros valores fundamentales, autoriza a nuestra conciencia a desatender nuestro compromiso y votar por el candidato  con mayores opciones de enfrentar aquel peligro.

Este segundo requisito nos lleva a  hacer prevalecer el  bien general  de nuestra comunidad por sobre  nuestro lazo ético individual con el candidato vencedor de las primarias.

En conclusión, participar en primarias importa asumir un compromiso en orden a votar por el ganador de las primarias que afecta nuestro propio honor, pero circunstancias ocurridas o conocidas con posterioridad pueden  liberar a nuestra conciencia de dicho compromiso.
Es nuestra libertad, nuestro honor, nuestra decisión.



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