30 de julio de 2017

Maribel Rubio Lacalle


Maribel reflejada en su obra.




Maribel  eligió educar.
Respetar a los niños.
Su conciencia de estrellas.
Su profundo derecho a ser libres.

Todo fluyó en su espíritu.
Como el humor de Juan.
El  amor de sus hijos.
Jureles regalando energía.
Nuestro  mar alimentando docentes.

Veo a los niños sobre tus hombros.
Felices de observar el firmamento.
Cuidados por ti:  ángel del invierno.
Gigante de emociones.
Bendita maestra de vida




María Isabel Rubio Lacalle tiene el don de emocionarme.


Lo hace al hablar de educación y  transmitir su pasión por dar libertad; lo logra, al   reconocer seres humanos en los niños, al  motivar y dar confianza en vez de castigar. 


Me emociona también por su coraje, su destemplado amor de humanidad y su maravilloso sentido del deber. 


Vaya mi reconocimiento a los compañeros de ruta de Maribel, entre ellos,   a Guillermo Neumann y a Miguel Argandoña, por la inspiración de sus vidas y su ejemplo de magisterio.


En estas últimas semanas,  tres personas que amo  me han hablado de Guillermo. Como trato de no ser sordo a los sincronismos,  buscaré las huellas de su espíritu. 


Las líneas de los jureles, refieren a la costumbre de los profesores en orden a aprovechar la abundancia  de dicha especie para alimentarse durante la dictadura. Ella relata que suspendían las reuniones pedagógicas para aprovechar el horario de mejor pesca.
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