27 de noviembre de 2006

El Cuidador







En "El Cuidador", Harold Pinter nos presenta a tres hombres ubicados en el margen de la sociedad.

Cada uno se enfrasca en su propio discurso y en su propio interés.

El relato, distanciándose de la sencillez lineal, va hilvanando fragmentos para que el espectador recoja cada huella y termine el trabajo creativo por la vía de su propia experiencia e imaginación.

El lenguaje se expresa para sugerir. En mí se enlazó con el Caballero de La Mancha y su dualidad con Sancho; se cruzó con la relación gay entre Proust y su chofer; se enredó con Lenin y su labor de organización entre los hombres.

Pronto, miré mi propia alma desconectada del mundo, obsesionada en su propia magia, sorda a las voces de la comunidad, llena de puentes cortados, viviendo sólo para su propia oscuridad.

Uf, cuanta marginalidad, pese a estar rodeado de familia, de amigos, de espíritus. Es grande el trabajo que nos falta en la tarea de "Ser en el otro", en el afán de unir nuestra alma al mundo, como en la última estación del tarot.

Retornando a "El Cuidador", el escenario nos presenta dos discursos paralelos. El actual, en que opera el cuerpo de los actores y el que fue, en que se proyecta una filmación de la misma obra.

Sin embargo, las voces vienen del pasado, resaltando en los actores la tensión entre el texto original y el que se expresa en cada función.

Una política de sombras franjeadas, sólo nos deja observar parcialidades del doble discurso visual, sumergiendo al público en la misma enajenación de los personajes.

Sólo extrañé una cosa. En la puesta en escena y en la traducción, se extravió el humor que tradicionalmente se ha asociado a esta obra. Eso le restó capacidad de vuelo y universalidad. El discurso de la superficie está enlazado al poema profundo.

Me imagino los meses que pasaron los actores forjando la puesta en escena y agradezco al cielo nuestra experiencia en "La Tempestad ".




Viajé a Santiago a ver la obra. Luego de una siesta en el bus, desperté sincrónicamente a la vida, escuchando a Marisol García en un seminario sobre periodismo musical.

Por la noche, cenamos con Paloma, nuestra dulce anfitriona, su novio, sus brillantes primas y la entrañable Piti.

Hubo tempestad en el alma de mi amiga, tarot, magia de vino, chocolate.

Por un momento, cada uno de nosotros se encerró en su discurso como los personajes de Pinter. Pero pronto el cariño llenó de frescura la noche junto al Parque Forestal.

Luego, abrir los ojos muy temprano. A las nueve en Viña en audiencia de divorcio.





La primera foto, correspondiente a una puesta en escena de 1991 en Londres, fue tomada por "Liz" y proviene de una interesante galería de imágenes teatrales ubicada aquí.

La segunda foto fue tomada por Sara Krulwich para The New York Times. En ella podemos ver a la izquierda a Lloyd Hutchinson y a la derecha al propio Harold Pinter actuando en su obra "One for the Road," en el "Pinter Festival" desarrollado en Lincoln Center de Nueva York, el año 2001.
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