24 de noviembre de 2006

Mi amiga Cony

Ligera


Te miro en los años
y le doy gracias al tiempo,
por haberte hecho amiga,
hermana
y noticia del mar.

Ligera,
te siento respirar profundo
y las palabras...
de tu calor encienden
y causan luz.

Ligera,
te siento preñada de sol
y las nubes repiten tu nombre
y tus ojos aprenden de Dios.

Sin tregua, el mundo nos barre
y nos vuelve a pintar
y tu amistad regresa al instante
para quedarse en el mar.


Conocí a Conito cuando ella tenía 16 años y yo 24. A pesar de la diferencia de edad, aprendí de su ternura, de su alegría, de su mirada emotiva hacia la tierra.

Estas fotos, tomadas por Carolina Rojas, dan cuenta de su rostro junto a mi amada ciudad, su océano, su cordillera.

Allí estamos en el 2002, en la cumbre del Cerro Alegre, cuando mi ventana estaba colmada de nostalgia por Alma, la pudorosa de ventanas.

El poema fue hecho especialmente para ella y su mágica mirada. A veces, paso meses sin saber de su sonrisa, pero el viento y el oleaje se encargan de abrazarnos nuevamente.

Hace pocas semanas la ví y supe de inmediato de su nuevo hijo, antes de que me dijera palabra alguna, antes de que la Farmacia lo constatara con un signo de alegría.







el amanecer, desde aquella ventana
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