30 de abril de 2005

Quebrar la ley




Invocando el recuerdo del mítico Allen G., paso a dejar testimonio de una devastadora violación a la ley, al sentido común y a la ética.

Anoche nos juntamos con Alicita, Marcela y Carla en el fermoso departamento que Ali tiene en la Avenida Argentina, poco antes de acudir a un recital íntimo de tango en la nueva Casa de Patty en Cerro Alegre.

Luego de unos pisco souer en polvo, partimos a dominar la noche.

Como Ali no maneja, le pidió a la Marce que nos llevara, aprovechando su licencia de mover autos.

En el estacionamiento. Fatal. Marce ha olvidado conducir artefactos mecánicos. Media hora de ensayos y no hay caso. Marce abandona el volante en medio de la Avenida principal de Valparaíso, con el limpia parabrisas andando, todas las luces prendidas, los otros vehículos piteando. El Caos.

En la emergencia, salto de la banca. La Carlita me daba apoyo, Alicita rezaba, la Marce daba instrucciones.

Acelero para no detenerme en las luces rojas, evitando así el riesgo de parar el motor. Malditos peatones. Se atraviesa un carro tirado por mano. Giro a la izquierda pegado a la vereda contraria. Doblo hacia Esmeralda y quedo en medio de la calle con el motor parado. Hay suerte. Última etapa, subo por Almirante Montt. Nos esperaban en el Cinzano, pero no sé estacionar y menos en subida. La pata al fondo. Llegar o morir. Giro a la derecha en Lautaro Rosas, un espacio, orillarse y misión cumplida. Aplausos.

Vicky y los chicos estuvieron divinos, bailamos tango champurriado. El regreso estuvo suave, cayendo por los cerros sin mirar a los pacos, conduciendo a medias y sin licencia.



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