18 de abril de 2005

Un día difícil. Evidentemente Imaginado.

Luego de trabajar todo el domingo, partí esta semana con los cables cruzados, fatal, aproblemado. Obviamente, en el contexto de la vida cotidiana de un pequeño burgués o proletario leguleyo, si se mira de otro modo.

Por la mañana, al salir del ascensor en el edificio de los tribunales, veo - de espaldas- a un pseudo abogado experto en mentiras al que tuve que denunciar hace pocos años.- Un instinto infantil me hace dar marcha atrás, pese a mis autorecriminaciones por falta de madurez y de fortaleza ante los malos ratos de la vida.

Acto seguido, salgo a la calle y, justo, viene la chica con que acabo de terminar un vínculo sentimental clandestino, que me ha traído como represalia los adjetivos de machista y cerdo (en el marco de excelentes textos, hay que decirlo), más la comunicación explícita y electrónica de todos su devaneos amatorios con su pololo. (Tercero en discordia y víctima,por cierto, de toda esta situación).

Siguiendo mi política de avestruz, me oculto entre la jungla callejera, hasta que llega la hora de una cita laboral, que no me deja otro remedio que regresar al foro judicial, encontrándome, of course, con ella.

Siguiendo el estilo del Rey David, le pido que vaya a la tarde a una asamblea de lancheros, bajo la esperanza de que la batalla campal de mis clientes, la dejara en otra, distraida, aplastada por tanto caos y mal-dicencia.Que malo soy!!!!!!

Satisfecho por mi revancha de estilo kinder, tomé rumbo a Santiago. La burocracia me dió una suave patada en el traste y me obligó a regresar mañana, en línea paralela a Polo que está tramitando en la capital su titulación. Pero, aún faltaba lo peor. A la hora de pagar el almuerzo, me doy cuenta de que mi billetera no está. Sufrí un hurto, o, peor, un simple extravío de mi billetera y de toda mi fortuna personal (quince lucas).

Una testigo, mi acompañante de lunch, tuvo que conseguir la plata de la cuenta y yo me ví obligado a pedir dinero prestado para regresar a mi ciudad de cerros y mar.

Voy durmiendo en el bus y me llama Alma (No me llamaba desde octubre del 2002). Evidentemente - era así- se trataba de una llamada equivocada, de azar. No entiendo cómo, fui muy neutro al hablarle, pese a que todo este fin de semana, me morí de pena por su ausencia.

Conversamos del juicio en que ella será testigo. A mí me complica. Decidí que cuando venga le regalaré el único ejemplar de lujo que me queda del libro sobre ella.

Por la tarde redacté otra demanda de divorcio y recibí una llamada de SOS, desde la Asamblea de Lancheros. Los gritos que sentí, me alegraron el día.
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