10 de julio de 2011

9 de julio próximo

Sueño

Era un día nublado pero claro. Caminábamos varias personas, entre ellas Isidora, Tía Mané y yo.
Estábamos en el amplio patio luminoso de un Complejo de Edificios. En uno de ellos, existía un gran ventanal en que Ella, dotada de amplia sonrisa, descansaba adornada con múltiples colores, acompañada de mucha gente alegre y un hombre rubio que parecía su novio.
Conozco a la mujer sonriente, pero quiero evitarla. Apenas la saludo con una seña y un gesto del rostro. Isidora, que no la conoce, se acerca al ventanal y hace gestos de cariño que ella responde. Ambos rostros se juntan y se besan con mucha alegría a través del cristal.
Llamo a la niña y seguimos el camino. Pero la mujer sonriente sale de su estancia y me dice con voz suave y firme: ¡Gonzalo, ven a darme un abrazo!
La escucho y me acerco. Lejos de todos, pero a la vista de todos. Ella me ofrece un regalo. Yo le pido una chaqueta colorida de nuestros pueblos originarios. Ella se excusa, por tratarse de algo muy grande y muy difícil.
Luego me dice que ha aprendido la manera de entregar energía con las manos. Toca mis hombros y mi espalda, toca mi origen y mis sueños.
Es otro abrazo del que no se escapar.

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