13 de marzo de 2005

Ebria

Ebria, como una botella de licor azul.
Así te recuerdo.
Ondulando en tu danza,
desnuda,
dueña de mis ojos,
orgullosamente tierna.

El ritual comenzaba en tu ombligo
y gotas de amor bajaban por tus piernas
presidiendo el deseo,
el abrazo, el encuentro.

Ensayé tocar tu brazo
y mi mano temblaba,
angustiada, temiendo el rechazo,
el timbre, la peste.

El temblor terminó en un beso eléctrico
y pusiste tu piel delicada al cuidado
de mis sueños.

El mundo entero habitaba en tu alfombra,
entre las cebollas de tu cocina,
en tu cama estrecha y crujiente.

Recuerdas cuando la rompimos?
Los ladrillos que pusiste, las preguntas de tus hijos,
tu extraña forma de coger con las piernas juntas,
haciéndote más y más flaca,
succionando el tiempo
horadándolo
creando un torbellino en el silencio.

Todavía tienes esa vagina perfecta?
regalo del cielo, fuente de tu magia,
puerta de todos los deseos,
caldero sagrado y eterno.

Para cada noche un sabor distinto,
cada noche tú y otra tú
para beber un resumen
de tus días, tus conflictos,
tus tormentas.

Te ví danzando ebria
y terminé descalzo,
llorando en el metro,
en las puertas del hospital,
en tu jardín de flores y secretos.

Anoche ví a otra danzar
y bajo la superficie de su rostro
encontré tu ausencia
y volviste a ser mi princesa,
tan real como diciembre,
como tus ojos escolares,
como tus besos.
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