13 de marzo de 2005

Sueño con religiones y mujeres

Soñé que visitaba en España a Carlita Jofré, quien se encontraba estudiando la religiosidad de los habitantes de ese Reino. Una voz cercana nos contaba que al permitirse nuevamente el culto del Islam, muchas familias aparentemente católicas, asumieron públicamente la tradición espiritual que habían guardado por siglos. Ese dato me emocionó y pensé en la fuerza que fluye de las familias y del sendero cultural que representan.

Luego estuvimos en una comunidad de jóvenes profesionales católicos, quienes conversaban acerca del poder de Jesús para resolver todos nuestros problemas, si lo escuchamos en el fondo de nuestro corazón y cumplimos el plan que dejó para nosotros en la Biblia.

La gente da la comunidad era muy simpática, bailaba y se hacía cariño. Sin embargo, el discurso me parecía sacado del Mago de Oz. Por cortesía – de sueños – no dije nada y seguí con atención las enseñanzas de la guía, una mujer joven de jeans ajustados, con facilidad de palabra y bonita.

En el sueño, me puse a pensar en el mensaje ateo de "Dorothy" y su camino amarillo hacia el Mago, que siempre he entendido como una denuncia del engaño bíblico y su dios inventado para dar autoridad a las palabras de los sacerdotes.

Más tarde, conversamos con un profesor de Salamanca, quien era
experto en cultura hebrea y nos habló de las Universidades en que se aborda el tema y de las asignaturas concretas que se estudian, destacando que los cursos más populares son "Cábala" y "Aporte hebreo a la literatura".

El profesor nos refirió que los estudios de la cultura hebrea
comenzaron en las universidades españolas por orden del obispo
Cisneros, el mismo que instigó a los Reyes Católicos para que
decretaran la expulsión de los judíos.

El académico hizo hincapié en el aporte de los judíos al desarrollo de las ciencias, pues algunas de las ramas de esta antigua religión concedieron a los textos sagrados un valor simbólico y espiritual, mas no un carácter de verdad absoluta e incuestionable.

Conversamos con una señora rubia estudiante de doctorado, quien nos contó que se encuentra trabajando en la traducción de los libros de Maimónides, tarea que se facilitó por la fidelidad del sabio español hacia Galeno.

En otro momento de la ensoñación, junto a Carla y Gaby nos
trasladamos a París. Allí nos alojamos en una comunidad de gente anárquica, un poco menos hospitalaria que los católicos españoles.

En realidad, no le dieron mucha bola a nuestra visita, porque estaban celebrando. El primer día se conmemoraban las luchas de la mujer y había una fiesta de féminas. Algunas estaban desnudas, otras vestían disfraces de hadas.

Conversamos con un hada de nariz cortita, acerca de los cambios que ha provocado en la familia la liberación de la mujer y de lo difícil que resulta tener una madre moderna.

Concordamos en que pasamos por una etapa de transición, en que las mujeres adultas, el grupo más afectado por la discriminación, han asumido el gobierno de su propio destino. Sin embargo, a nuestros niños de todos los géneros y a uestros varones, les resulta sumamente difícil aceptar el nuevo estatuto autónomo de la mujer.

En otras palabras, se tolera la irrupción de las mujeres liberadas, pero se extraña el antiguo rol de apoyo incondicional y de "mujer pertenencia", que estará con nosotros hasta el fin de los días.

Como efecto secundario de la doble autonomía en la pareja, las
relaciones se vuelven más breves y la familia tradicional se extingue, junto a su carga de tradiciones y normas.

El "día de la libertad" se conmemoró a partir de la mañana siguiente y la puerta del edificio apareció cubierta por una montaña de contenedores de basura, de aquellos que se usaban antes de septiembre 11.

En la calle se veía una gran masa de policías y por las ventanas de nuestro departamento, mujeres de pelo largo y negro, disparaban sus rifles con determinación, cumpliendo un ritual de combate enhebrado a la libertad extrema, la que avasalla y atropella.

Extrañamente, nadie se preocupaba demasiado por el enfrentamiento y con Gaby nos entretuvimos acompañando a unas amigas lesbianas que deseaban tener sexo en una cama compartida.

Recuerdo que el cuerpo de todas era calientito. Luego desperté con la televisión prendida.
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