20 de marzo de 2005

Sueño duarante mi siesta

Estuve en Olmué y soñé con el Tata Mero, mi abuelito copiapino y maquinista de ferrocarriles. Está muy viejito, con las piernas cortadas a cuasa de la diabetes.

El caso es que lo conducía en su silla por la Av. Esatman y notaba que las manos le habían engordado bastante. Era hora del atardecer y llegamos a un quiosco unido a una fonda.

Había un hombre de campo, de esos que dan miedo (a la gente como yo) comprando una caña de vino pipeño en el quiosco. Al principio tomó un pequeño sorbo y luego se tomó todo el vaso de un solo trago, creando en mí la impresión de que deseaba perder la conciencia.

De pronto escuché la voz de Ida - profesora de castellano y mujer que admiro mucho- y seguí los tonos amigables de su voz al interior de la fonda. Por un instante ví a Ida, pero luego se tranformó en una mujer gorda y amorosa, vestida de blanco, que me llenó de besos.

Resultó que era una de las muchas hermanas de Ida. Le pregunté por sus hermanas y por Conito. Luego de dejarme toda la cara húmeda con sus besos amistosos, me dijo que Cony estaba en el próximo salón de la fonda.

Cuando quise ir a ese lugar, desperté.

A las 19.00 llegó mi hermano Tana, sus hijos y su wife y celebramos su cumpleaños en forma express. Le dije a mi madre que la invitaría a cenar con ocasión de mi cumpleaños.
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