4 de agosto de 2010

Amanece en Recreo





El día va tomando un color irremediablemente celeste,

hacia el sur, nuestra águila domina el reducto de las sombras,

el norte y el oriente se asoman por la ventana de la cocina,

repletos de carros rojos que insisten en formar el mediodía,

marcando el arribo del futuro,

el monarca dorado del día,

el mago que eleva los árboles

y bendice el rocío.


El Océano está calmado y expectante,

desde mi roca, su superficie parece

el cabello ondulado de un hombre gris,

sólo a lo lejos se divisa un barco,

mientras que en esta calle Portales,

fluye el reclamo ronco de los motores.


En algún lugar,

los escolares beben su café con leche,

los amantes se despiden,

los médicos entregan su turno,

los periódicos caen en medio de los patios,

la Luna juega a gobernar la noche.


Seguro que mi padre alista su clase de las ocho,

mi hermana besa a sus hijos,

mi hermano examina a su primer paciente,

mil aviones aterrizan en todo el mundo.


Hoy no tengo audiencia ni alegato,

sólo debo escribir poemas,

repartir abrazos,

estudiar expedientes,

escuchar problemas,

buscar los misterios ocultos

de esta luz.







La imagen pertenece a David y proviene de este sitio.


En el flickr de Erwin Thieme pueden apreciarse imágenes de Recreo, el barrio asociado a este poema.

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