19 de agosto de 2010

Plaza Justicia











Estoy bajo las seis columnas de la Corte,

amanece y los amantes furtivos

han huído de su refugio,

el granito recibe silente los rayos del día,

recuerda la voz enfurecida de las víctimas,

el paso lento de los ancianos,

las ambiciones del malvado,

el juego constante de toma y daca,

las decisiones que nacen del alma

y buscan amparo en las leyes,

los aforismos,los precedentes.



A mi derecha,

una mujer de verde marino,

mira el oriente victorioso,

sosteniendo en diestra mano,

su espada y su balanza vencidas,

intentando altanera

bañarse en el océano,

oculto apenas

de su penosa mirada.



Themis ha dejado su trabajo

y atenta al mundo,

vende sus herramientas

al mejor precio,

prefiriendo la bolsa más llena,

los mejores almuerzos,

el más caro interés.



Avanza la jornada,

los ministros

han comenzado a descender de sus vehículos,

los gendarmes,

vestidos de marciales duendes,

saludan chocando sus tacones,

levantando un casco imaginario,

diciendo chistes al concluir el rito.



Al norte,

una pequeña puerta de bronce,

oculta un conducto secreto,

la columna hueca de

los grandes jueces,

el ojo invernal del laberinto.



A los costados del Palacio,

dos mínimas palmeras,

recuerdan el verdor húmedo de las quebradas,

la selva que hubo en la bahía,

antes de convertirse en ciudad,

mosaico de ascensores,

hogar secreto del viento.



Frente a mi rostro

está el Hotel de Ville,

y un filatélico experimento Bauhaus

con ventanas redondas,

que en verdad son anteojos hippies,

mirada limpia

de Berthold Brecht y John Lennon.



En fin, los jueces y litigantes me saludan,

sonríen los temerosos empleados,

cinco perros vagos deambulan con prestancia,

incluso el que lleva una bufanda amarilla,

el que orina en los peldaños,

y el que piensa en la rueda gigante

del ascensor "El Peral",

en los cien escalones

que conducen al Palacio Baburizza,

el hierro oxidado del "San Agustín",

la terraza colonial del Almirante Cochrane,

estafador en Inglaterra

y héroe genial de muchas guerras.



Llega la ambulancia al Consultorio

y exige la salida del gran camión basurero.

Los marinos cuidan sus camionetas

y ven transcurrir la mañana desde

su sombría ubicación,

ridículos en su prestancia,

sus certezas,

su doméstica rutina

de frío e imperio.



A un costado del Consultorio,

cerca del pequeño túnel que lleva al ascensor,

una pareja de ancianos vende café y roscas,

aconseja sobre recursos y nombres de abogados,

consuela a las madres que han perdido a sus hijos,

tiñen de humanidad el cemento

y el feroz grito de los espíritus.



Camino unos pasos

y junto a nuestra ex Intendencia,

robada ingenuamente desde el Sena,

se observa todavía un espejo azuloso

que extiende la tierra

más allá de las solemnes tumbas

y el centenario muelle,

reflejando con orgullo

los rayos de Zoroastro,

las palabras doradas del cielo,

el cálido pensamiento de las estrellas.



En la puerta principal de la Corte de Apelaciones de Valparaíso, en Chile, se puede observar esta curiosa escultura de la diosa Themis la que, según Homero, estaba a las órdenes de Zeus para convocar a los dioses a asamblea y guardar el orden en sus banquetes. Posteriormente se la consideró personificación de la justicia. Curiosa, pero pareciera representar en mejor forma nuestra realidad cotidiana ya que podemos apreciar en ella que los símbolos tradicionales de la justicia están alterados.

En primer lugar, la venda que debiera cubrir sus ojos, garantía de imparcialidad, no está en su lugar, por lo que se trata de una justicia no tan ciega, como la hemos supuesto siempre. La balanza que lleva en la mano derecha, no está en su posición de equidad sino que bastante cargada hacia uno de sus lados y como enredada en su brazo. Otro de los símbolos, la espada, se encuentra invertida, apoyada sobre el hombro más que en actitud de defender sus dictámenes. Además, no podemos obviar su pose arrogante, con manos en las caderas y desafiante mirada.

Una versión, de transmisión oral, afirma que la estatua fue donada a Valparaíso por un personaje influyente y que, dada esa condición, nadie se atrevió a rechazarla. De tal forma este personaje cobraba venganza de la justicia.
Otra versión señala que, al existir una estatua correctamente representada en el interior de los Tribunales, la del exterior estaría significando que la Justicia sólo es tal dentro del recinto. La Estatua, entonces, representa la inexistencia de la Justicia fuera de los Tribunales.

Por último, cabe destacar la versión de Víctor Rojas Farías en su libro "Valparaíso, el Mito y sus Leyendas". Según el autor, el virrey del Perú era un hombre virtuoso que para gobernar se inspiraba en la estatua de la Justicia por todos conocida. Con venda para no dejarse influenciar, con una balanza pare pesar cada caso y una espada para castigar con dureza. Este virrey tenía instalada la estatua en el patio de su propia casa y para él era fuente de inspiración. Pues bien, este virrey tenía dos hijos (uno legítimo y el otro no).
El hijo nacido en el matrimonio era un tipo déspota que abusaba de la servidumbre, vanidoso y abusador con las doncellas. Un día asesinó a un comerciante delante de mucha gente. El virrey en lugar de castigarlo ejemplarmente le dio protección y permitió que el crimen quedara impune. La víctima de tal delito resultó ser nada menos que su hermanastro. Agobiado por el peso de su conciencia, y estando a punto de morir, ordena fundir la estatua de bronce y fabricar otra con las características de la estatua en Valparaíso (altiva, desdeñosa, sin venda, con la espada y balanza por cualquier lado).

El escritor Víctor Rojas termina su relato informando que esta Estatua formó parte de la indemnización que Chile le cobró al Perú una vez terminada la guerra del Pacífico. Dice que la trajo a Valparaíso la escuadra chilena y permaneció durante un tiempo vagando por ahí... Hasta que se construyó el edificio de los Tribunales.

La primera fotografía es de Rodolfo Palominos, fue colgada en flickr por su autor y reiterada en este sitio.

La segunda, proviene del blog de Alberto López, "ciudad sutil", , quien nos informa que pese a las leyendas, la estatua de Themis fue encargada por catálogo a Francia, a finales del siglo XIX.



El texto explicativo proviene del blog argento http://legalescom.blogspot.com

2 comentarios:

elisa...lichazul dijo...

todo un recorrido por ese lugar adornado y esfumado en la lengua de la Poesía

acá en Santiago el palacio de tribunales es como entrar a las catacumbas de la burrocracia jajajaj


besitos de luz

La Dame Masquée dijo...

Me alegra que la justicia se quite la venda. No creo que una venda en los ojos sea buena garantia de imparcialidad, a fin de cuentas.
Pero viene bien armada y desafiante la señora! Será mejor no provocarla.

Feliz fin de semana

Bisous

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