13 de diciembre de 2011

Confidencias de Anacreonte

De todas estas alegrías, me queda poca cosa;
a menudo esto me apena, pues le temo al silencio,
ser una foto en el hogar de mis hijos,
adelgazar como sombra en la memoria de los míos,
quedar mudo , ciego y sordo en un oscuro cuarto
allí donde nadie bebe, ni ama, ni abre su puerta al deseo.



Este texto conversa con Anacreonte en:

I




¿A qué me instruyes en las reglas de la retórica?

Al fin y al cabo, ¿a qué tantos discursos

que en nada me aprovechan?

Será mejor que enseñes a saborear

el néctar de Dionisios

y a hacer que la más bella de las diosas

aun me haga digno de sus encantos.

La nieve ha hecho en mi cabeza su corona;

muchacho, dame agua y vino que el alma me adormezcan

pues el tiempo que me queda por vivir

es breve, demasiado breve.

Pronto me habrás de enterrar

y los muertos no beben, no aman, no desean.





II



De la dulce vida, me queda poca cosa;

esto me hace llorar a menudo porque temo al Tártaro;

bajar hasta los abismos del Hades,

es sobrecogedor y doloroso,

aparte de que indefectiblemente

ya no vuelve a subir quien allí desciende.





En la imagen, "Anacreonte sacando una pluma a Eros", escultura conservada en el Louvre.

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