24 de diciembre de 2011

Ecos. De Carlos Salinas Bruzzone


Nos  elevamos silenciosos
Como plegarias misericordes,
Como suaves acordes de versos y besos,
Como una mirada de amor cruzada por
La brisa de una tarde de verano.

Y en esos días,
Donde tropezamos inconscientes,
Supimos capturar la lealtad
Sin fingir amores de escaparate
Ni ser cuerpo de una orgía de metales…

Y nos elevamos silenciosos,
Y fuimos una fiesta milenaria,
Un encuentro en el que nuestras manos
Acariciaron la dignidad de las olas,
En ese océano de esencias que emularon las risas
De los niños eternos de la plaza.

Y fuimos un vuelo necesario,
Justo ante la presencia de lo justo:
            Nubes almidonadas,
Ecos de rostros bañados de esperanza
La suave presencia de lo profundo,
Una melodía que adornó las calles como el organillero de mi pueblo,
Todas las risas maceradas en almíbar de esperanza,
Y una lucha sin dolor que se justificó en el latir de unas cuerdas.

Nos elevamos silenciosos
Y supimos descubrir un horizonte
En el que no hubo rostros ni nombres
Tan solo manos generosas
Que construyeron una digna cofradía de promesas
Al despuntar el alba…


Carlos A. Salinas Bruzzone
Poeta

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