24 de diciembre de 2011

Pablo - de Eduardo Embry-

Veo al apóstol que sale de Roma
caminando para atrás; para atrás
vuelan las palomas
cuando en esa famosa ciudad del imperio
todavía no se habían instalado los Papas;
era una ciudad salvaje
que se alumbraba con antorchas de cebo,
esclavos lo sacaban 
de las hermosas ballenas bien pulidas;
todavía es posible hallarlas, brillando
como perlas, en el famoso mar Adriático,
en las mismas fábricas
donde ahora se fabrican dinamitas;
“señor”, le habla una niña,
"no entre en esta ciudad,
le están esperando para quemarlo vivo
en una palangana de aceite hirviendo de olivas”;
como el santo tenía 
muchas otras cosas qué hacer,
montó en un asno viejo y ciego
que sólo sabía andar para atrás,
dando palos típicos de ocasión,
aquel asno le lleva a Damasco,
al ver que lo van a bautizar,
cierra los ojos, pasa de largo,
no quiere saber nada de cristianos;
sigue y sigue andando hacia atrás;
ahora Pablo se ha de llamar Saulo,
que iba a ser el centurión del imperio, 
se entretiene buscando víctimas,
las ataca de madrugada,
las encarcela, las tortura,
las mata; entierra sus cadáveres
en tumbas secretas;
ahora está en Tarso, Turquía;
Saulo, que iba a ser centurión del impaerio,
ha nacido diez años
antes que Cristo; a futuro 
el planeta gira
24 mil años por segundo;
hijos de puta, le están esperando;
ahora muere en Roma como un mártir,
ahí mismo me lo torturan,fríen 
como un huevo frito
hecho en aceite.

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