29 de mayo de 2010

Infinito





El infinito está castrado

se alimenta con nueces

vive engañado

solloza en un cuarto oscuro

desnudo minúsculo aterrado


Está maniatado y sucio

cuando podría estar danzando

pariendo un cielo púrpura

pensando definiendo cantando

dando sentido y luz a los días




Pobrecito

prefiere el alimento a la libertad

abandona la montaña

sus principios

y se torna inútil

una pequeña mascota

un número prudente

en la economía de mercado


Pobrecito

ya no tiene ojos alegres

no llama hermanas a las olas

no busca no comparte no responde

sólo descansa y ronca

se disuelve

mientras el televisor

murmura y aplasta






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1 comentario:

Isabel González dijo...

Gonzalo, esa reflexión constantemente aparece desde hace unos diez años, me parece increíble no haber hecho nada todavía para acercarme a la naturaleza, para alejarme del consumo y de los condicionamientos del "orden establecido" desorden espiritual establecido, o almenos de algunos de ellos, ui perdona que me explayo. Ya veo que efectivamente nos alimenta la misma estrella. Un besazo.

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