6 de mayo de 2010

¡Madre!





Daniel comenzó su búsqueda

cuando tenía 18 años


En una revista de tango

vio su propio rostro

en una mujer de pelo rojo

y mirada turquesa


Su madre adoptiva

antes de morir

confesó la tragedia

y para el muchacho

su única luz

quedó reducida

a aquellos ojos tremendos

que parecían llamarlo

desde un sueño


El Maestro ya no estaba

pero decenas de músicos

habían pasado por su orquesta

y no fue imposible

ubicar el destino de Azul


El joven comenzó a seguirla

al taller de escultura

a las marchas por la paz

a los cantos con pobladoras

y mujeres golpeadas



Una tarde de primavera

la abordó en la fuente del taller

comenzaron a hablar de arte

del diálogo interior

del diálogo con otras almas



Él se complacía en mirarla

y se perdía largo rato

en su aroma de naranjas

y jazmines


Ella hablaba con dulzura

y autoridad

mientras se enternecía

por las mejillas rosadas

y los labios jóvenes

de su nuevo amigo


Tras varias conversaciones

Daniel fue invitado a la casa de Azul

se inició como aprendiz de escultor

como guardián de sus hermanos pequeños

como confidente y espejo de su querida madre



En lo profundo

bastó que el muchacho sonriera

para que Azul reconociera en él

a su propia sangre


Siempre lo intuyó

pero no lo quiso aceptar

temió de si misma

respetó los ritmos de Daniel


Todo fue un secreto luminoso

hasta que Azul enfermó

y Daniel se abrazó a ella

con toda la fuerza de un amor negado


¡Mamá! dijo

y esa palabra alumbró la habitación

como un rayo de oro


¡Mamá ¡ dijo

y fue como nacer de nuevo

como morir a la pena

como recobrar la paz






El el clic sugeridio está "Adiós Nonino", de Astor Piazzolla.


En la imagen se encuentra "Madre e hijo", de Klimt.


Este poema está dedicado a mi madre.


3 comentarios:

La Dame Masquée dijo...

Hermoso relato, monsieur. Parece que uno no logra estar completo hasta conocer a la madre. Solo ella puede terminar de conformar nuestra identidad.
Maravillosa la ilustracion a base de la obra de Klimt.

Feliz dia

Bisous

Ana dijo...

Una historia como tantas, pero especialmente, poéticamente, bella.
Piazzola, un Maestrazo. Un lindo regalo en esta mañana de otoño.

Sandra dijo...

eMuy bello.. Como toda tu poesia.
Felicidades!!!

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