22 de enero de 2010

Mañana en la casa del Hipocampo.






Desde mañana dejo este planeta,

comenzaré a vivir sin reloj,

sin teléfono,

sin nada ordinario sobre mi cuerpo.



Pasada la hora sexta,

me vestiré de blanco,

de agua,

de labios, de cuerpo.



Mañana en la playa,

seré rostro y tu los ojos,

seré pan y tu la vida,

seré la piedra y tu el templo.



Entonces,

cuando todos los niños sonrían,

hundiré mi mano en tu alma,

rescataré el tesoro,

comenzarán las bodas.



Mañana, sin que nadie lo note,

al norte de Valparaíso,

sin que nadie llore.

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