30 de octubre de 2010

Viaje al País de Noé




Quedé sentado junto a otra alma,

como dos barras de hielo

llamadas por el mismo sol,

viajando hacia ciertos árboles,

océanos de delfines,

el agua en los ojos

de un ser humano.


Tras los recintos de música,

llegamos a una sala de abrazos,

ramas de manos emergiendo de paredes,

los pasos de un flautista

hacia el Centro de la Tierra.


El aquel templo profundo,

Fernanda y yo,

sacamos los zapatos

de aquel viajero

y hubo un Cristo

que encendió su lámpara

en lo oscuro,

diluyendo los espíritus

en un mismo lago,

el país de Noé,

refugio sagrado

de todos los Gabrieles.





La imagen es de Emilio Fatuzzo y proviene de este blog.

1 comentario:

lichazul dijo...

diluído en el lago
a veces el Poeta se halla

buen fin de semana

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