23 de febrero de 2010

Alma Mahler



Enamorada,

siempre estuve enamorada,

de mi padre pintor,

los sonidos, los colores,

deseo que surge y vuela de mi cuerpo.


Dios estuvo en mi primer beso

y me dejó caminar

hacia montañas de cien instrumentos,

ciudades de música,

avenidas de aire y fuego.


Me hice amante del siglo,

éxtasis, multitud,

claridad en Viena

y en el centro de todos los eventos.


¿ Me amaron por los hombres que tuve?.

Lo rechazo, no soy un fetiche gay,

un trofeo de competencia,

el deseo reflejado en el deseo,

los tonos rojos del amanecer.


Soy el templo de Gropius,

novia que vuela,

Diosa de Aguas,

espacio sin tiempo,

mujer de placer y silencio.


Soy madre de niñas muertas,

ángeles con mi rostro,

holocaustos atraídos por la música,

inviernos que nunca alcanzarán la primavera.




En la imagen,"La novia del viento" de Oscar Kokoschka.

2 comentarios:

Isabel Romana dijo...

¡Qué tremendo drama el de esta mujer y su padre! Inspira compasión. Precioso poema el que le has dedicado. Besos.

Argénida Romero dijo...

Las palabras.

Hermoso y evocador poema. Gracias.

Gracias también por la visita en mi blog.

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