24 de febrero de 2010

Olmué, verano de 1978





Los tomates han crecido y mudado sus colores,

transitaron del verde agua al más hondo de los rojos,

los niños llevan sus canastas entre los arbustos

recogiendo los frutos con sus manos,

mientras sus sombreros les escudan del sol.


Sobre la quebrada, niños de ciudad

observan la cosecha desde sus jardines y piscinas,

aburridos de tanto verano,

ociosos en medio de la luz.


Uno de ellos, lleva un rifle de postones,

bosteza mientras apunta a los zorzales,

las garzas, los pequeños gorriones.


Los pajaritos huyen y el muchacho

comienza a disparar sobre los niños,

los balines chocan contra las mínimas

lanzas de colihues,

los obreros tardan en enterarse,

les grito, los niños escapan.



Al día siguiente,

enfrentamiento con nuestro vecino.

Es más grande

y me persigue entre ciruelos

y duraznos. Cruzamos un

pequeño puente de madera,

muevo las tablas y el muchacho

cae al canal con ruidoso escándalo,

sangra de narices,

también los gigantes lloran.


Estoy contento y con miedo,

mañana terminará el verano,

los membrillos perderán

su barba blanca y en las casas

nacerán los frascos

de mermeladas llenas de moras,

alcayotas, damascos.




La foto del Cerro La Campana en Olmué, proviene del sitio www.corevalpo.cl
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